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Lucidez bajo el agua

El último libro de Rafael Argullol, Visión desde el fondo del mar, es una invitación a bucear hacia el mundo abisal de nuestra personalidad, a sumergirnos en las oscuras profundidades de nuestros anhelos y temores, aún a riesgo de que las corrientes nos ahoguen, con el convencimiento de que si sobrevivimos seremos devueltos a la superficie más sabios, más lúcidos. Más curtidos, desde luego.

En realidad, es el autor quien salta al agua. Pero el que esté dispuesto a leer las 1212 páginas de esta obra -con intencionada forma de caótico diario, saltos adelante y atrás en el tiempo y paradas en ciudades de todo el globo- debe aceptar compartir el juego.

Argullol, profesor durante 30 años en universidades europeas y estadounidenses y autor de 25 novelas que, como este libro, va a publicar la editorial Acantilado, aborda temas universales como el de la identidad, el destino, la felicidad, el dolor, la enfermedad y la muerte y sobre todo el amor y el deseo. Todo con el propósito confeso de hacer un autorretrato “para arrancar un poco más de vida al olvido, como siempre” (Pp. 1148).

Si amor y deseo tienen tanta importancia en la obra y en la vida es –se desprende- no sólo por la tiranía del instinto, sino porque resulta el camino más certero hacia la realización y el autoconocimiento.

¿Completar la Gran Frase? Encerrados en nosotros mismos jamás lo conseguiremos (…) voy indagando en las palabras invisibles, las cifras ocultas situadas entre la tumba y la cuna.
Quiero meter la mano en el cofre y dar. Para eso, no obstante, necesito que alguien llame a mi puerta. Necesito el regalo de un huésped a quien, por mi parte, yo pueda regalar mis tesoros. Sin la guía de ese huésped nunca completaremos la Gran frase. Con su cercanía, en cambio, podemos atrevernos. Nada es imposible en compañía del amigo, de la amante, del dios inesperado, del fulminante demonio o de aquel jugador que está dispuesto a jugar en un tablero sin límites.
A todos ellos ofrecemos el regalo, de todos ellos podemos recibir la donación. Las dos partes del mundo se juntan en el instante mismo en el que se produce una entrega desinteresada entre dos amigos, entre dos amantes, o cuando sentimos la elevación súbita o nos precipitamos a una sima de promesas maravillosas porque un impulso irreprimible nos arrebata a la cárcel de nuestra piel y nos arroja a la libertad del deseo: entonces, aunque sólo sea por unos días, unas horas, por el frágil parpadeo de un segundo, las palabras se engarzan, las cifras se recomponen, un extraño fulgor ilumina la Gran Frase y todo adquiere un sentido tan fácil y evidente que nos parece una rareza haber podido vivir tanto tiempo ajeno a una verdad tan obvia. Pp. 221.

Y para Argullol nada resulta más claro que el hecho de que el sentido de esta vida, abocada igual que los libros, a la aniquilación, el fuego y la ceniza, es tratar de acercarse lo más posible a la verdad. Para lo cual, discrepando nada más y nada menos que de Platón, propone la vía de desarrollar, simultáneamente, el mayor número de roles:

Durante toda mi vida he sido un entusiasta lector de Platón (…) Por el contrario, en cambio, no puedo tolerarle la nefasta pretensión suya de exigirle al hombre un solo papel para llegar a la verdad (…) para decirlo un poco al modo hindú, creo que cuantos más avatares sea capaz el hombre de tomar a lo largo de su vida, más cerca estará finalmente de la verdad. No quiero ser el virtuoso que sueña con los delitos que el pecador realiza; quiero ser algo que horrorizaría a Platón, el virtuoso y el pecador simultáneamente. Pp.1116.

Lástima que, como por desgracia es frecuente incluso en los varones más inteligentes, incurra en cierta cosificación de la mujer, se muestre convencido de que nosotras no podemos compartir su perspectiva y aún cuando quiera halagarnos nombrándonos las “sacerdotisas de la mística del enamoramiento” nos relegue al manido papel de enfermeras o cazadoras arteras con frases como:

La mujer, sobrecargada de vida, ama para salvar, mientra que el hombre, mutilado de vida ama para salvarse. Pp. 1049.

O

He temido a esas mujeres que he amado, he temido su desmesura, su magnífico don para tender redes infinitas; he temido sobre todo su obstinación en proteger el objeto de su amor arrasándolo. Pp. 1050.

Sin darse cuenta de que nosotras no estamos sentadas en la orilla, pescando, sino que hace milenios, desde el mismo día en que fueron creados los océanos, también buceamos, tan encantadas y asustadas con nuestra libertad como nuestros hermanos peces machos.

Sugerencia: Acompañar la lectura con el tema Planetes Marins, cantado en un precioso catalán por Dolo Beltrán, en el disco La vida moderna del grupo Pastora

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Una joya entre toneladas de novedades editoriales


La suerte me ha sido propicia y ha puesto en mi camino un libro pequeño, lacerante y delicioso El fabuloso mundo de nada (Acantilado, 2010), de un autor, Javier Mije, del que extrañamente tampoco tenía referencia pese a ser paisanos y contemporáneos.

Se trata de un volumen de doce relatos, 103 páginas, frases e imágenes certeras como flechas que al mismo tiempo hieren y espolean. En definitiva una joya, sencilla (en su delgadez), hipnótica (en su oscura belleza) y necesaria en lo que tiene de reveladora de algunos de los más hondos conflictos de los hombres y mujeres que hoy somos, los sentimentales.

Entre las toneladas de papel que inundan las mesas de novedades de las librerías, tal vez cueste encontrar este título que apareció en junio de 2010 pero merecerá la pena pedirlo al librero o buscarlo en un anaquel.

Dado que existe una inmejorable reseña escrita por mi compañero el periodista y escritor Daniel Ruiz, en lugar de escribir yo otra, prefiero remitiros a ella.

Lo que no he podido resistir ha sido el interés de dialogar con al autor de esta obra que me parece tan pertinente y esclarecedora y el resultado de nuestro encuentro es una entrevista publicada en la revista cultural on line Tertulia andaluza.

A modo de adelanto de lo que podéis encontrar en El fabuloso mundo de nada, aquí tenéis un fragmento de su primer cuento, Las tres y diez.

“Te despediré ahora y volveré a andar solo por ahí, regresaré a los bares y a las plazas acechando abismos como el tuyo, estrellas que señalen el punto exacto donde acaba el universo, hermanas incestuosas o cualquier otro misterio que me libre del tedio, del aburrimiento de las cosas sencillas de este mundo. Procuraré esquivar la muerte junto a otra mujer hasta que mi sed de experiencias se nutra de ella, hasta que otro reloj, inevitablemente, vuelva a dar las tres y diez. Eternamente insatisfecho, enfermo de esta enfermedad mortal como otros lo están de codicia o vanidad”. Pp. 14

Javier Mije, es también autor de El camino de la oruga (Acantilado, 2003) y uno de los treinta escritores seleccionados por Andrés Neuman para la recién publicada antología de cuentistas españoles titulada Pequeñas resistencias 5 (Páginas de espuma, 2010). En este enlace podéis escuchar la entrevista que Pedro Blanco y Javier Rioyo le acaban de hacer en Hoy por hoy de la Cadena SER.