Archivo de la etiqueta: bookCrossing

Suelta de libros en el tranvía

Buzón de BookCrossing en el tranvía de Sevilla
Descubro con sorpresa y entusiasmo que el Ayuntamiento ha incorporado a los vagones del tranvía, llamado en Sevilla metrocentro, unos buzones para el intercambio de libros o BookCrossing, una práctica que los lectores del blog ya sabréis que me encanta.

Animo a los que vivís en la ciudad a deshaceros de los libros que tenéis repetidos o que no queréis conservar depositándolos en esos buzones.

El BookCrossing ortodoxo incluye la escritura en la primera página de las iniciales de quien deja el libro y lugar y fecha en que lo hace, para que quien lo encuentre sepa que está ahí donado y no perdido ni olvidado y se divierta viendo su recorrido (existen otras recomendaciones que podéis consultar en Internet). Pero también puede hacerse sin tanta parafernalia, simplemente dejando el libro. Yo tengo ya en mente el par de títulos que soltaré esta semana.

Felicito al responsable de la idea y espero que la iniciativa se extienda al bus y al metro. En cuanto sepa que es así, informaré de ello.

Anuncios

BookCrossing: La escala de los mapas


Mi mayor pasión intelectual (llegando a vicio) es la literatura. Por eso es raro que hasta ahora sólo haya hablado de la novela “La canción donde ella vive” de Daniel Ruiz. Pero es que es una de las pocas novedades que he leído últimamente, porque a mí que un libro no sea reciente me parece lo de menos.

Y, claro, eso cuadra mal con lo de Micronoticias. Pero aún así quiero hacer microcríticas literarias, porque yo como lectora agradezco las pistas de los demás y pienso que quizá a algunos les vengan bien las mías.

Para ilustrar mi juicio, incluiré una cita particularmente buena… o mala, pues también habrá alertas contra libros decepcionantes. Y llamaré a estos posts “BookCrossing” seguido del título del libro, porque me gusta la imagen de que desperdigo ejemplares por este “cibersuelo” para que otros los vayáis cogiendo.

Hoy reseño “La escala de los mapas” (1993) de Belén Gopegui, ficción, para mi gusto, excesivamente intelectual, con una trama inflada (incluso para sus 229 páginas), construida sobre la incapacidad del protagonista para comprometerse con quien, sin embargo, sabe que es el amor de su vida. Así que no la recomiendo a quien busque en la novela un devenir de sucesos.

No obstante, yo la he disfrutado en su dimensión reflexiva. Y para que os hagáis una idea de a qué me refiero con lo de “dimensión reflexiva” ahí va una perla:

“Parecería que nos zarandean (…) que trabajamos durante ocho horas, durante treinta años. Parecería que, con sus tacones rojos, ella (la realidad) provoca horror y nos cautiva con sus labios de charol. Parecería, en fin que somos fantoches suyos, pero atiéndeme: tú eres una reina y te perfumas. Tú mandas sobre los objetos y dispones que tus pendientes rimen con tu falda verdinegra, y colocas el cenicero de tal manera que su reflejo golpee y se repita en el asa dorada de la taza de té. Y en este instante tal vez pronuncias la palabra báltico porque así lo quieres, porque eso te calma, porque es esdrújula”. Pp. 152
(Cito por la edición de Compactos Anagrama, 2005)

En ese plano y en el metaliterario es reveladora, certera y placentera.