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IZQUIERDA ESPAÑOLA: repensar para rehacer. Lecturas imprescindibles


El resultado de las elecciones generales españolas celebradas el 20-N 2011 ha cumplido las expectativas de mayoría absoluta del Partido Popular (PP) -186 diputados- y auténtica debacle del Partido Socialista (PSOE) -110 diputados, es decir, 76 menos- que no puede contrapesarse por el aumento de nueve diputados de Izquierda Unida (IU) ni la satisfacción de que sus once representantes actuales puedan constituirse al fin en grupo parlamentario.

Muchos y de calado van a tener que ser los cambios que acometa la izquierda española para alzarse como alternativa a la opción neoliberalista que la ciudadanía ha elegido, paradójicamente, para bregar con la crisis económica y financiera que es consecuencia precisamente del neocapitalismo salvaje como bien constatan documentales como Inside job.

Existe el riesgo de que lo urgente no deje tiempo a lo importante. De que el PSOE, que ya ha anunciado hoy congreso para febrero y tiene en el inmediato horizonte de marzo unas trascendentales elecciones autonómicas en Andalucía, se lance a buscar nuevo líder nacional y a tratar de salvar los muebles andaluces sin pararse a pensar, por no frenar un instante.

Pero con el mayor afán constructivo propongo a la masa social de la izquierda que habrá de contribuir a la co-generación de esta alternativa real a la derecha –sea desde el PSOE malherido, desde una IU que hoy festeja pero que con once diputados sigue sin ser vista por la mayoría del país como una alternativa, desde opciones aún más minoritarias aunque valiosas porque la democracia es el gobierno de la mayoría pero respetuoso, no lo olvidemos, con las minorías, como Equo, o una coalición de estas fuerzas progresistas- una lista de lecturas sobre la presente coyuntura crítica en la que está inmersa nuestro país, la sociedad occidental y el planeta entero como consecuencia de la quiebra, no asumida, negada pertinazmente, pero aún así clamorosa del modelo capitalista.

El listado es el resultado de las recomendaciones del catedrático de economía de la Universidad de Sevilla, Juan Torres, del librero de la librería política sevillana La Fuga Luis Gallego y de los activistas del 15-M en Sevilla José Candon y Elena Cayeiro a quienes recientemente entrevisté para la elaboración del reportaje “Literatura indignada” emitido en El Público Lee el domingo 6 de noviembre (minuto 16’33’’ del programa):
La crisis que viene, del Observatorio metropolitano.
Fin de ciclo, del Observatorio metropolitano.
La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Naomi Klein
La crisis de las hipotecas basura. Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada, de Juan Torres y Alberto Garzón.
Luces en el laberinto. Autobiografía intelectual. Alternativas a la crisis, de José Manuel Naredo.
Caída libre, de Joseph E. Stiglitz
Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan, coord. Bibiana Medialdea.
Crisis, crisis, crisis y algunas cosas más. La economía de hoy vista por los economistas de mañana, de alumnos os de primer curso de Economía de la Universidad de Sevilla, Nuria Mª Sánchez Lucena e Ignacio Valdés Zamudio (eds.)
La vía, de Edgar Morín.
– Imperio, de Michael Hardt y Antonio Negri.
El 15-M en 60 preguntas, Carlos TaiboNada será como antes. Sobre el movimiento 15-M, Carlos Taibo.
¡Indignaos!, de Stéphan Hessel.
Reacciona, VVAA: José Luis Sampedro, Federico Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón, etc.
No nos representan, de Pilar Velasco
– INTERNACIONAL
o ¿Primavera árabe? El mundo árabe en la larga duración, de Samir Amin.
o Túnez. La revolución
o The yes man.
– COMICS:
o Revolution complexo
o Yes, we camp. Trazos para una (r)evolución.
o www.elestafador.com

Plenamente consciente de que la vorágine de nuestras respectivas vidas nos deja poco tiempo para la lectura sosegada y profunda pero convencida de que tal cosa no es casual y alguien está muy interesado en que no encontremos la ocasión para replantearnos hacia qué ocaso nos precipitamos, suscribo las palabras finales de Juan Torres para el reportaje. Esas en las que dice (cito de memoria):

“que haya libros sobre la crisis es lo único que puede evitar que sigan prosperando engaños de los tertulianos, los políticos y economistas neoliberales, engaños que la gente termina por creer de tanto que se repiten como que para salir de la crisis hay que emprender una reforma laboral o recortar el gasto social cuando habría que hacer justo lo contrario”.

¡Ánimo a todos en la tarea que nos espera y que la lectura resulte fructífera! ¡Vuestras recomendaciones serán, por supuesto, bienvenidas!

PD: Para los que quieran ir pasando ya a la acción, en paralelo al “momento lectura-reflexión”, aviso que este miércoles 23 Noviembre, en Sevilla, se celebra el “Primer encuentro ciudadano de ética y política en la vida cotidiana”. Será a las 20.00 h. en CENTRO CÍVICO CERRO DEL AGUILA, calle Salvador Távora, s/n. Interesados, más información AQUÍ.

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Buscar la mejor respuesta ciudadana frente al ataque renovado de los mercados

Los llamados mercados y las instituciones convertidas en sus voceras (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo, etc.) exigen más recortes de derechos socio-laborales a Grecia si ésta quiere un préstamo que intente rescatarla de la quiebra financiera. Y los demás ponemos las barbas a remojar.
Ante esta circunstancia me viene a la cabeza que nos han colocado ante una encrucijada falsa y peligrosísima:

– O aceptamos el recorte salvaje de derechos [acabo de escuchar en la radio a dirigentes de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) diciendo que sólo se creará empleo cuando la indemnización por despido pase de 22 a 20 días. ¿No se iba a arreglar pasando de 45 a 22? ¿Llegará un día en que propongan que el trabajador indemnice al empresario cuando éste le despida?).

– O nos plantamos y entonces será la ruina. Pero no sólo eso. Sino que nuestra indignación actual, legítima, necesaria, en mi opinión imprescindible para frenar la deriva y buscar una salida, podrá desembocar en violencia. Y me pregunto: ¿no convendría esa violencia a los mercados y a los reaccionarios que los sustentan? ¿No estarán buscando precisamente provocar tanto a la ciudadanía que estallen de conflictos que les permitan justificar la adopción de medidas represivas excepcionales? ¿O incluso que nosotros mismos, ciudadanos críticos, desencantados, desesperados, al negar la legitimidad de las instituciones democráticas caminemos por nuestro propio pie hacia una sociedad totalitaria?

No soy yo una abonada a las teorías conspirativas. Sin embargo, en mis tres décadas y media de vida he presenciado movimientos descarados. Cuando un avión chocó contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 S de 2001 se nos planteó otra disyuntiva trucada: o ganaban los talibanes, reaccionarios, terroristas, que querían llevar a Occidente a un atraso social e intelectual medieval; o bien Occidente recortaba los derechos individuales para protegerse de los citados talibanes aún a costa de dar pasos atrás en la conquista de esa libertad que queríamos defender. Hoy somos menos libres que el 10 S 2011 y no sólo por culpa de los terroristas, sino también de líderes como George Bush y sus compañeros de las Azores que impusieron doctrinas como las de la guerra preventiva, los vuelos secretos, encarcelamientos sin juicios en cárceles como Guantánamo o Abu Ghraib, donde se interroga con tortura.

De modo que ojo con la mano que señala que sólo hay dos caminos: obedecer a los mercados, o disentir en la forma que ellos prevén. Busquemos nuestra tercera vía, seamos inteligentes, estrategas, mantengamos fría la cabeza por más que nos provoquen porque es mucho lo que se juega: nuestro futuro, nuestras vidas.

Confío en que en esta oportunidad, no nos dejaremos manipular, aunque no me engaño y sé que va a costar ya que, por todos los medios, lo intentarán. Ellos también se juegan mucho, en poder, dinero y dominación.

Afrontar la crisis periodística


Los partidos españoles analizan las demandas ciudadanas tras las elecciones y el movimiento 15M. Pero estos días también se han evidenciado críticas y desafección hacia los medios de comunicación que los periodistas haríamos mal en ignorar.

Mientras un núcleo de simpatizantes del 15M mantiene acampadas y concentraciones pero piensa ya en trasladarlas a los barrios, puede ser momento de que cada sector social y profesional piense cómo ayudar a regenerar nuestra democracia y hacerla más participativa. Al colectivo de periodistas nos corresponde una tarea ardua.

La ciudadanía critica que los medios, más que informar, se alinean con una u otra opción política y hacen de voceros y amplifican las exigencias de los mercados y las agencias de calificación de recortar derechos sociales y laborales. El descontento ha cristalizado en lemas como “Nos mean y los diarios dicen llueve” o “Televisión=manipulación”. Dentro del movimiento ‘Democracia Real Ya’ se ha creado un sub-grupo llamado ‘Periodismo Real Ya’, cuya plataforma digital es una cuenta en Facebook.

Sea desde esta plataforma o en paralelo a ella parece que la coyuntura exige explicar que el sector de los medios de comunicación es, tras el de la construcción y automovilístico el más afectado por la actual crisis económica, que los profesionales trabajamos, en general, en una situación de gran precariedad, que se sucecen los ERES y despidos, que las concentraciones de medios en manos de pocos propietarios recortan puestos y atentan contra la pluralidad tan necesaria para la democracia. En esta línea, la profesora de la Facultad de Comunicación de Sevilla, María Lamuedra Graván, prepara interesantes documentos que espero poder enlazar pronto aquí, pues suponen una gran contribución al necesario debate. Modestamente ofrezco por si en algo puede servir -aunque no es un texto actual sino de 2002- la ponencia que escribí para el III Encuentro Iberoamericano de Economía Política de la Comunicación: “Precariedad laboral de los periodistas, la morzada de la prensa libre. Tentación peligrosa de pasividad”.

Pero escribo este post porque esta semana se anuncian reuniones y novedades muy interesantes:
– La convocatoria por la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) de una “Asamblea de periodistas desempleados o en precariedad laboral”, el próximo miércoles 1 de junio, a las 20.00h. en su sede de la calle Esproceda 6, 2ª planta. Se trata de “analizar la situación, buscar salidas y coordinar nuevos proyectos de autoempleo”, como un diario digital, una emisora de radio en Internet y una revista especializada que tiene previsto impulsar la propia APS.

– La celebración, también a instancia de la Asociación de la Prensa de Sevilla, mañana miércoles 25 de mayo, 20.00 h en la citada sede de una reunión para impulsar una Asociación de Periodistas Solidarios en la que periodistas y fotoperiodistas dediquen tiempo y trabajo a impulsar el desarrollo en lugares como Guinea-Bissau a través de la creación de nuevos medios de radios y prensa local.

Ambas reuniones están abiertas a todo periodista con interés en participar, sea o no miembro de la asociación.

– Finalmente, también supone una buena noticia que el Gobierno andaluz haya dado hoy el primer paso para la creación de un Colegio Oficial de Periodistas de Andalucía.

Difundo estas convocatorias e informaciones con el propósito de que cuantos podamos participar, contribuyamos con nuestro esfuerzo a mejorar la situación de la profesión y la calidad del servicio que estamos llamados a prestar a nuestra sociedad.

Votar el 22-M pese al malestar

Yo el domingo 22 de mayo voy a ir a votar, voy a votar a un partido y será una opción de izquierda.

Lo he decidido tras varias semanas en las que he estado tentada de votar en blanco para manifestar mi indignación por la poca fe que los partidos demuestran en el sistema democrático, en la fuerza legítima que los ciudadanos les damos para oponerse a los mercados y legislar y organizar la vida colectiva en función de lo que conviene a la sociedad y no a los dueños de los bancos.

He participado, respaldado y divulgado cuantas acciones he conocido de la Plataforma Anticrisis de Sevilla y el movimiento Democracia Real Ya, y pienso seguir haciéndolo para defender a nuestro sistema democrático de la dictadura de los mercados y exigir a los partidos que luchen por ello en los foros a los que los ciudadanos, individualmente, no llegamos.

Me felicito del inusual éxito de convocatoria logrado por este movimiento civil (cuya web hoy, sospechosamente, sufre constantes colapsos) y deseo que el ímpetu reivindicativo se mantenga en intensidad y tiempo pues las transformaciones que se persiguen son de gran calado y no van a conseguirse de aquí al 22 de mayo.

Pero hasta que busquemos el modo de articular el movimiento (o bien creando un partido, o integrándonos en los ya existentes y tratando de cambiarlos desde dentro, o manteniéndonos como una opinión pública alerta, que haga sentir su aliento en el cogote a los políticos y les exija responsabilidad, compromiso, integridad) la manera de mejorar/transformar el sistema es participando en él.

Me he preguntado quién se alegrará el 22 mayo si la gente comprometida, indignada contra esta estafa que es la mal llamada “crisis” nos quedamos en casa, nos abstenemos, o votamos nulo o en blanco. Y la respuesta no me ha gustado: se alegrarán los mercados que aprovecharán nuestro gesto simbólico para hacer aún más impunemente de su capa un sayo, amparados por el partido político que ideológicamente representa sus intereses de desregulación (la falta de control en los mercados financieros y la especulación son la base de la crisis, como deja pantente el documental Inside job), que en España es el PP. Y el Partido Popular por supuesto también se alegrará. No voy a votar por miedo, sino por estrategia, sin visceralidad, desde el análisis racional y teniendo en cuenta qué acción mía individual nos acerca/aleja de la consecución de objetivos como el Decrecimiento, al que me referí en el post anterior.

En definitiva, siendo muy crítica con los partidos de izquierda, manifestando que seguiré activa en cuantas protestas de este tipo se organicen (empezando por la de este jueves 19 a las 19.00 en la Pza. Encarnación de Sevilla), el domingo iré y votaré por la que a día de hoy, con todas sus imperfecciones, me parece la mejor opción de izquierda. E incluyo entre sus imperfecciones las declaraciones que ayer hizo su líder diciendo que el Parlamento no representa la soberanía popular (luego matizó “toda la soberanía popular”). Justo porque creo lo contrario, que sólo el Parlamento la representa y que los cambios deseables (listas abiertas, proporcionalidad para corregir la tendencia al bipartidismo, etc) deben hacerse por los cauces constitucionales, parlamentarios y legales, por eso, mira por dónde, voy a votarle.

Y el 23 por la mañana, a seguir luchando y exigiendo a nuestros representantes que estén a la alturar de sus representados.

En todo caso, me entusiasma que se haya abierto el debate y estemos participando de un modo tan apasionado. La apatía que reinaba hasta ahora me daba la sensación de estar viviendo en un país/un mundo anestesiado, medio vivo-medio muerto. Ahora opiniones y propuestas bullen en la red.

Frente al recelo manifestado por los medios de comunicación tradicionales, recomiento leer el artículo de Ignacio Escolar, ex director del diario Público, Siete ideas sobre Democracia Real Ya. Por cierto, que el movimiento aclara en su web que no pide el voto para ningún partido, pero tampoco el nulo, ni la abstención, ni el voto en blanco. Deja la decisión en nuestras manos.

Decrecer o morir

El foro de personas y colectivos, Red Decrecimiento Sevilla, celebra del 13 al 22 de mayo un encuentro para afrontar la coyuntura de crisis económica y financiera, energética, cultural, política, social, ecológica y moral.

La conferencia inaugural fue impartida a medias por el biólogo Miguel Delibes de Castro y la antropóloga y miembro de Ecologistas en Acción Yayo Herrero que alertaron sobre el peligro real de colapso de nuestra civilización, basada en el sistema capitalista y la ilusoria fantasía de que el crecimiento ilimitado es posible.

Resumo el contenido de la conferencia y posterior debate para quienes no pudieran asistir y estén interesados en acercarse a este movimiento de cuestionamiento y transformación y a aportar su grano de arena entrando en contacto con alguno de los muy diversos colectivos implicados: cooperativas agrícolas, banca ética, grupos de teatro, especialistas en salud, formación, urbanismo, asociaciones feministas, de gays y lesbianas, medios de comunicación alternativos, etc. Información sobre los miembros del colectivo Enredados Sevilla Decrece 2011 y programación AQUÍ.

Ya a finales de los 70, según Delibes, se sobrepasó el límite de la sostenibilidad, empezamos a consumir más recursos de los que la naturaleza regenera y a contaminar por encima de su capacidad para depurar.

Parámetros como el consumo de agua, la degradación de la superficie terrestres (de bosque a pastizal, de pastizal a desierto), la concentración de CO2, la fijación de nitrógeno, el agotamiento de caladeros, la extinción de especies etc. hacen urgente un cambio de modelo. Pero, “estamos tan fascinados con nuestro éxito como especie, con nuestra capacidad de desarrollo que no advertimos que ello entraña el riesgo de nuestra extinción”.

Frente a los optimistas biológicos que confían en que finalmente ocurra un milagro y aseveran que nunca antes se ha extinguido la especie humana, Delibes argumenta que ha habido extinciones de pueblos irresponsables en el uso de sus recursos como los pobladores de la Isla de Pascua. “El planeta es hoy una Gran Isla en el universo y si consumimos todos sus recursos, pereceremos como ellos”. Por eso, hay que decrecer.

A pesar de lo cual Delibes llamó a partir del realismo. “Decrecer no es fácil. El ‘creced y multiplicaos’ bíblico es asimismo un imperativo biológico. Toda especie, desde las cucarachas a los humanos tienden naturalmente a colonizar el universo y si no lo logran es por limitaciones externas. Además, no nos engañemos, quienes hemos llegado al siglo XXI lo hemos hecho porque nuestros antecesores se desarrollaron más que otros, a veces a costa de otros. Lo que determina el éxito darwiniano no es, como solemos decir, el ser más apto, más fuerte o tener mayor capacidad de adaptación sino la de reproducirse más que los demás”. Sin embargo, según Delibes, los humanos no somos esclavos de nuestra biología e igual que biológicamente no estamos hechos para volar pero volamos, estamos hechos para crecer pero podemos y debemos decidir decrecer.

Tras el análisis biológico, Yayo Herrero hizo una intervención de corte sociopolítico. La base de la propuesta decrecentista, según ella, pasa por “desbancar la obtención de beneficio como centro de la sociedad”.

“La lógica del sistema capitalista y tecnocientífico actual pone en riesgo la esencia básica y la subsistencia de la humanidad” –denunció-. “Sin embargo, el capitalismo reclama para sí el estatus de ley natural incuestionable, cuando es un sistema arbitrario, una convención y que como tal puede ser cambiado. Y en opinión de los decrecentistas, debe serlo porque:

– Tras la fisiocracia que situaba el valor en la tierra y el capitalismo clásico que lo ponía en los medios de producción, el capitalismo neoclásico actual pone el valor en lo monetario, lo que se puede transformar en dinero y cuestiones como la destrucción de la capa de ozono pueden cuantificarse monetariamente, pero son irreparables.

– El sistema genera una desigualdad evidente entre el 1 y 3 mundo pero también en el seno del primero. Mientras bancos y empresas ganan y crece el PIB, las rentas de los asalariados bajan. En España, entre 1994 y 1996, el gran boom económico, las rentas de trabajo bajaron un 10% y en la Comunidad de Madrid mientras en 1994 de cada 100% que tenía un trabajador debía 60, en 2007 de cada 100 €debe 140, lo que se ha producido es una ilusión de riqueza y una realidad de endeudamiento.

– El sistema obvia trabajos necesarios como los cuidados a niños, mayores y enfermos y prima otros empleos que no sólo no deberían ser prestigiosos sino, por dignidad humana desaparecer. El hecho de que los sueldos de especuladores sean mayores que los de médicos o profesores es una convención que habla de cómo es nuestra sociedad y eso es algo que si queremos podemos cambiar.

– El capitalismo genera hambre en el 3º mundo y hambre de experiencias, insatisfacción constante y ansiedad en el 1º.

– Niega la vejez y la muerte y nos convierte en niños malcriados y competitivos embarcados en consumir más y más sin freno y tener que trabajar más y más horas en trabajos precarios para consumir, vivir lejos de los centros de las ciudades donde los precios de los pisos son muy altos (algunos viven en Toledo o Valladolid y van cada día a trabajar a Madrid con el consiguiente gasto energético). Las mujeres nos hemos incorporado como sujetos políticos y laborales pero generalmente sin que los varones hayan asumido su parte alícuota de trabajo doméstico.

– La separación de los centros de producción y consumo hace que no seamos conscientes de las consecuencias de nuestros actos: el acto de cambiar de tfn. móvil (nuestra voracidad en el consumo tecnológico) parece tan leve que no podemos imaginar la explotación humana que genera en las minas de coltán en Congo. Por eso el decrecentismo propone comprar a productores locales, a los que se puede poner cara, conocer y comprender. La cercanía nos hace más conscientes de las consecuencias de nuestros actos y, en ese sentido, más morales.

– Los medios de comunicación generalistas, cuya propiedad está concentrada en pocas manos incurren con frecuencia en la propagación de consignas interesadas de los poderes fácticos sin cuestionarlas como cuando aseveran en los titulares que “los mercados esperan señales de los gobiernos para recuperar su confianza”. Ya decía el economista José Manuel Naredo que los mercados sólo se apaciguan con sacrificios humanos como las reformas laborales que restan derechos a los trabajadores.

– Toda esta situación ha derivado ya en un deterioro de nuestro sistema democrático tal que imputados por delitos graves no sólo concurren a las elecciones sino que son elegidos por mayoría y líderes de todas las potencias democráticas aplauden el asesinato de alguien como Bin Laden que, como el peor delincuente, merece un juicio con todas las garantías, según los principios democráticos más elementales que decimos defender.

Las líneas de actuación que Herrero propuso son:
– Romper con el tótem de que el crecimiento es no sólo deseable sino inevitable y defender que es posible vivir bien, mejor incluso con menos (menos bienes de consumo y menos gasto de energía).

– Recuperar referentes. “Los modelos no pueden ser Shakira, Angelina Jolie o Dani Pedrosa, sino referentes intelectuales”. Recuperar símbolos y conceptos como los de libertad, justicia, igualdad, integridad, felicidad… No podemos dejar que nos usurpen conceptos como el de libertad las administraciones de las grandes potencias que son quienes los están subvirtiendo”.

– Y en un plano político:
o Desmercantilizar bienes y servicios básicos: agua, vivienda,…
o Limitar la extracción de recursos y el consumo de energía.
o Reorganizar el sistema productivo con energías renovable sy un modelo de biomímesis.
o Reducción de la motorización y volver a la cercanía.
o Políticas ligadas al uso y no a la propiedad de la riqueza.
o Distribución: más y mejores impuestos.
o Revertir la degradación de los servicios públicos.
o Acabar con los paraísos fiscales.
o Reformular el concepto de trabajo: ver cuáles son los socialmente más necesarios y pagar en función de esta necesidad, bien social.
o Recuperación de lo local.
o Crear formas y espacios de vida más humanos, espacios colectivos de crianzas, trueque de bienes y servicio, solidaridad vecinal.
o En general una vuelta del ciudadano a la calle, a la comunicación de los demás, a la recuperación de conceptos y valores como la participación democrática, la decisión autónoma, la libertad”.

Dada la constatación de que los Gobiernos no van en esta línea, tanto los ponentes como los intervinientes en el turno de debate coincidieron en la necesidad de que movimientos como el Decrecentista busquen la mejor estrategia para promover este cambio de sistema. Desde la articulación de una alternativa política a los partidos actúales, al funcionamiento como red descentralizada pero muy activa, todas las opciones están abiertas.

Se constató un interés real por actuar y con urgencia y se compartió cierta satisfacción por comprobar que la inquietud es muy compartida, por un aforo muy números, heterogéneo en edad, ocupaciones, formación y sensibilidad.

Por último comparto los dos referentes teóricos citados para quienes estén interesados en profundizar en estas cuestiones:
– El ingeniero y urbanista Ramón Fernandez Durán, fallecido esta semana, cuyo libro La quiebra del capitalismo global: 2000-2030, se reseña hoy en Babelia.
– Y el economista José Manuel Naredo.

Elocuencia, acción individual y transformación social

La película triunfadora en la última edición de los Oscar, El discurso del rey, guarda en el cofre de un férreo clasicismo formal un canto a la elocuencia y al valor movilizador, transformador de la palabra que no puede ser más vanguardista en estos días de revolución en lo que muy imprecisamente se llama “el mundo árabe”.

Ganadora de las estatuillas a mejor película, director, guionista y actor protagonista, la cinta narra la historia de un rey tartamudo -el padre de la actual monarca británica Isabel II-, en el instante crítico de tener que liderar a sus ciudadanos ante el desafío de la II Guerra Mundial. Y más allá de constatar que el actor Colin Firth merecedor de todo reconocimiento hace tiempo, lo ha alcanzado al fin, como tantos, al interpretar un personaje con discapacidad, cabe señalar que resulta paradógico cuánto conmueve a Occidente una historia sobre la importancia de la palabra cuando en realidad, el discurso es en nuestro mundo un valor a la baja.

En fecha reciente un brillante profesor universitario de Literatura me ha confesado que no cree ya en la palabra y otro no menos lúcido escritor ha afirmado rotundo ante mí que carece de fe en el poder transformador de la literatura. Y creo que ambos han sido altavoces de sentimientos generarizados. Las palabras, parecemos concluir, servían antaño.

Pero he aquí que los corresponsales de esos periódicos nuestros cada vez más delgados, precisamente porque hasta sus dueños dudan ya del interés de esas grafías entintadas que son su carne y su sangre, dan cuenta de pueblos y ciudades donde el lenguaje sigue sirviendo. En Túnez, Egipto, Libia, la comunicación oral, en Facebook, Twitter o SMS ha sacado a la gente a la calle.

Acciones individuales, ésas que en Occidente también solemos calificar de inútiles, han logrado respaldo ciudadano y las reivindicaciones sociales, que asimismo nosotros, “burgueses acomodados” -al menos reconozcámoslo- consideramos voluntariosas, bienintencionadas pero abocadas al fracaso, han logrado derrocar regímenes totalitarios, dictaduras, que los europeos y los norteamericanos, por acción u omisión, respaldábamos.

Así que las palabras no sólo servían hace un siglo en este viejo continente nuestro, sino que siguen valiendo hoy incluso en lugares con gran proporción de iletrados. Y en otros territorios -me viene a la mente China- se censuran mensajes impresos o digitales precisamente porque a los tiranos no les cabe duda del poder del verbo.

Quizá aquí la censura no sea necesaria porque de un modo funesto alguien nos ha convencido de que nada de lo que digamos o hagamos valdrá de algo, transformará, mejorará la vida, la sociedad. ¿De verdad lo creemos? ¿Queremos creerlo? ¿Por qué entonces entre todas las películas distinguimos, no sólo con premios sino con el respaldo en taquilla, una como El discurso del rey? ¿Por qué al ver los telediarios nos conmovemos ante el valor de esos ciudadanos, muchos de ellos mujeres, a los que antes de ayer nos permitíamos considerar población adocenada sometida al dictado de regímenes autoritarios cuando no teocráticos? ¿Acaso no sentimos un punto de envidia ante su convicción de que algo se puede hacer todavía, de que aún cabe la rebeldía?

Acabo de conseguir la edición traducida al español de ese libelo político que ha sido el fenómeno editorial en Francia en el pasado 2010, un librito de apenas 60 páginas titulado Indignáos, escrito por Stéphane Hessel, un nonagenario que, en tiempos, fue miembro de la resistencia anti-nazi. Quizá haga una breve reseña del mismo cuando lo lea, pero de momento y apriorísticamente no puedo dejar de convenir con su autor que motivos para indignarnos no faltan tampoco en esta parte privilegiada del mundo. Y que, mientras no se demuestre lo contrario, no existe herramienta más efectiva para la reacción y la subversión que la palabra.

Caza a la espía, gran película política

Urge ir al cine y ver Caza a la espía, fantástica película y uno de los testimonios más certeros, pertinentes y atractivos de la actual coyuntura política que se han proyectado en los últimos tiempos.

La cinta está basada en el caso real de la espía Valerie Plame cuya identidad fue desvelada por el Gobierno del presidente George Bush Jr. y el vicepresidente Dick Cheney en venganza a un informe de su marido Joe Wilson descartando la existencia de armas de destrucción masivas en Irak. Naomi Watts y Sean Penn (productor y alma mater de la película) encarnan magistralmente a los dos miembros de este matrimonio que sufrió el acoso de la Casa Blanca por dejarle sin la coartada fundamental para justificar la segunda guerra de Irak.

No es que la película descubra algo que no supiéramos, dado que se trata de un episodio cierto y del que dieron noticia los medios internacionales. Sin embargo, tiene dos logros fundamentales. De un lado, consigue atrapar al espectador, mantenerle atento, alerta, en tensión, hacerle olvidar que conoce el desenlace, conseguir que “disfrute sufriendo” como en cualquier película de acción trepidante. Y al mismo tiempo lo coloca en la incómoda tesitura de sentirse cómplice, por omisión, de esa maquinaria de poder que silencia a los disidentes, a los discrepantes, a los críticos, que juega con las vidas tanto de los iraquíes, como de los soldados americanos y por supuesto de cualquier individuo o sector de la población civil occidental que se resista a dar por bueno el discurso oficial.

Sabemos que esto pasó. Que estas cosas han ocurrido y siguen sucediendo. Las damos tan por hecho que ya no nos asombran cuando tenemos noticias de ellas en prensa, radio o TV. No obstante, películas como ésta -o Leones por corderos (con Robert Redford, Meryl Streep y Tom Cruise) o la británica In the loop) nos hacen preguntarnos ¿vamos a seguir mirando hacia otro lado? ¿No vamos a reaccionar?

Hay una especie de alegato final, una intervención del personaje que interpreta Sean Penn ante un grupo de estudiantes que es especialmente emocionante:
De un lado, recupera una anécdota según la cual cuando Benjamin Franklin ayudó a Thomas Jefferson y John Adams a redactar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776) una mujer le preguntó: “Bien doctor, ¿qué régimen, qué tipo de estado nos han legado? Él contestó: Una república, si lograis conservarla”.

Y de otro, afirma algo que parece increíble que podamos haber olvidado: que la democracia no es un viaje gratuito, que hay que pagar un peaje y que éste consiste en seguir luchando por su mantenimiento a diario, sin descanso pues, en caso contrario, cualquier día despertaremos y nos daremos cuenta, escalofriados, de que se ha subvertido tanto que en realidad no existe ya.

Veo y escucho a Sean Penn y le agradezco que pronuncie en un medio de masas un discurso intelectual que me cuesta encontrar incluso en los púlpitos reservados a los grandes pensadores -filósofos, escritores, economistas, políticos, politólogos-, tan descreídos casi todos. Lástima que ni siquiera el cine sea masivo ya y que, además, se haya elegido un título tan anodino, engañoso y disuasorio -tanto en la versión traducida como en la original, Fair play– que oculta la esencia de esta cinta: ser una película, en el mejor sentido de la palabra, “política”.