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La nota de los periodistas de EL PAÍS que el diario se niega a publicar

La dirección del diario EL PAÍS ha vetado la publicación de una nota del Comité de Empresa de sus trabajadores en la que éstos contestaban a las graves acusaciones de falta de profesionalidad publicadas en la edición de ayer martes 28 de junio en un artículo firmado por el actual director del diario, Javier Moreno y sus antecesores en el cargo, Juan Luis Cebrián (presidente), Jesús Ceberio (director general) y Joaquín Estefanía.

El artículo publicado el martes condenaba con dureza y argumentos cuestionables la legal y legítima huelga de firmas que mantienen los redactores de EL PAÍS en contra del proceso de precarización de las condiciones laborales de la redacción.

Ya el propio título era tan desacertado como el contenido: “Transparencia frente a Fuenteovejuna”. Ignoro si por una mala pasada del subconciente de quien redactó la nota (luego firmada de forma conjunta por Cebrián, Estefanía, Ceberio y Moreno) o con plena conciencia, éstos se equiparan con el Comendador frente a cuya tiranía y abusos se levantaba, unido, el heróico pueblo de Fuenteovejuna en el drama de Lope de Vega. Pero lo cierto es que en contra de lo que, en su texto, defienden los directivos:

– Desde luego las condiciones laborales no sólo no son ajenas, sino que influyen de forma determinante en el desempeño de la profesión periodística, al punto de que un periodista mal pagado, con contrato precario, está mucho más limitado para informar con libertad.
– Y el ejercicio de un derecho como el de la huelga de firma no sólo no ofende a los lectores del diario (entre los que me cuento), ni daña el crédito de la publicación, antes al contrario nos demuestra en qué alta medida están los profesionales comprometidos con nosotros para ofrecernos un producto informativo digno y de la mayor calidad.

En todo caso, si el actual director y sus tres predecesores en el cargo están tan convencidos de sus tesis, no entiendo por qué se negaron en la tarde de ayer a que la edición de hoy miércoles 29 de junio incluyera la nota del Comité de Empresa. Dar la oportunidad a los lectores de conocer ambos puntos de vista es la mejor manera de que puedan sacar sus propias conclusiones. Todo con el pueblo, contando con el pueblo.

Por eso al principio de este post he incluido un link al artículo de los directivos y a continuación ofrezco la nota íntegra de El Comité de Empresa de EL PAÍS que ha sido vetada y ruego a quien la lea que, en la medida de sus posibilidades, ayude a difundirla:

En defensa del periodismo de calidad
La retirada de firmas, acordada por amplia mayoría de la plantilla de El País, mediante votación secreta y en urna, es una medida responsable que se tomó con la perspectiva de evitar que el conflicto laboral afectase al compromiso del periódico con los lectores y a la calidad del producto que elaboramos entre todos a diario. Las reivindicaciones de los trabajadores de El País no son meramente laborales, sino que pretenden defender la profesionalidad de la redacción que en los últimos 35 años ha logrado hacer de este periódico la referencia mundial en español.
El ataque a los principios profesionales que han inspirado la trayectoria de El País proviene de quienes pretenden reducir a los periodistas a mera fuerza de trabajo, pagada con sueldos irrisorios, en condiciones laborales incompatibles con las exigencias de calidad de un medio como este y que ponen en peligro la autonomía profesional indispensable para ejercer la labor de informadores. Un periodista mal pagado es un profesional menos independiente y menos libre. Una sociedad sin periodistas dignos de tal nombre aboca a una democracia meramente formal.
La Empresa pretende que firmemos un convenio que consolida una doble escala salarial, sin ninguna subida de IPC y eliminando la paga que vincula las retribuciones a los beneficios. El Comité ha ofrecido perder una media del 4,5% del salario con el fin de facilitar la equiparación de los compañeros procedentes de El País Digital y las nuevas contrataciones.
Los informadores que decidieron cumplir el acuerdo mayoritario de la plantilla sacrificando su firma están dando un ejemplo de profesionalidad. La retirada de firmas en ningún caso ha ido acompañada de un descuido en la elaboración de los textos, en la amplitud de las fuentes consultadas o en la profundidad de las informaciones y análisis. Lo ocurrido en los últimos días ha demostrado que hay un compromiso inequívoco con la tarea colectiva de elaborar un periódico serio, riguroso e independiente. Nadie podrá decir que la retirada de firmas haya afectado lo más mínimo a la calidad habitual del producto ni haya rebajado en nada el grado de responsabilidad ante los lectores.
Lo que sí ha permitido la retirada de firmas es que se visualice ante el conjunto de la sociedad el firme deseo de quienes hacemos El País de defender la dignidad de los periodistas. Comprendemos que el hecho de que esto se haya manifestado públicamente incomode a algunos, pero lo que no podemos entender es que esa contrariedad se intente enmascarar con argumentos falsamente profesionales. Si se trata de defender la profesionalidad de los informadores, estaremos siempre en primera línea.
Comité de Empresa de Ediciones El País/ 28 de junio 2011

Reflexión académica sobre periodismo y protestas

La profesora de Teoría de la Información de la Universidad de Sevilla María Lamuedra Graván publica hoy una reflexión seria y pertinente sobre el papel de profesionales y medios de información ante la coyuntura de crisis político-económica y las protestas que han empezado a surgir frente a ella.

Lamuedra Graván, Investigadora Ramón y Cajal, autora de trabajos sobre periodismo y servicio público, entre ellos el libro, co-escrito, Los informativos diarios de BBC y TVE ha colgado su texto La profesión periodística ante las protestas ciudadanas en la web Teledetodos (espacio digital de intercambio y reflexión, fundado sobre un manifiesto en defensa de la radiotelevisión pública).

Se trata de un texto extenso -por la exigencia de analizar con rigor una cuestión tan compleja-, fundamentado teóricamente, pero claro en su exposición, articulada en torno a seis interrogantes concretos:

1.¿Por qué los ciudadanos han parecido creer (hasta hace poco) que sólo había una salida posible?
2.¿Por qué los medios favorecen las visiones del mundo de las elites político financieras?
3. ¿Por qué el público ha tendido a creer que la única forma de luchar contra la crisis es la que está aplicando el gobierno?
4. ¿Por qué el público parecía no conocer estas alternativas minoritarias, a pesar de que tienen mayor sintonía con sus intereses?
5. ¿Por que finalmente está teniendo éxito la movilización 15M?
6. ¿Qué debe hacer el periodismo profesional y el periodismo de servicio público en este clima?

Considero el artículo muy interesante y recomiendo leerlo y tenerlo en cuenta a la hora de abordar el necesario análisis y debate sobre la profesión periodística y el papel que debe jugar en la regeneración democrática de nuestra sociedad.ómica ómica

Afrontar la crisis periodística


Los partidos españoles analizan las demandas ciudadanas tras las elecciones y el movimiento 15M. Pero estos días también se han evidenciado críticas y desafección hacia los medios de comunicación que los periodistas haríamos mal en ignorar.

Mientras un núcleo de simpatizantes del 15M mantiene acampadas y concentraciones pero piensa ya en trasladarlas a los barrios, puede ser momento de que cada sector social y profesional piense cómo ayudar a regenerar nuestra democracia y hacerla más participativa. Al colectivo de periodistas nos corresponde una tarea ardua.

La ciudadanía critica que los medios, más que informar, se alinean con una u otra opción política y hacen de voceros y amplifican las exigencias de los mercados y las agencias de calificación de recortar derechos sociales y laborales. El descontento ha cristalizado en lemas como “Nos mean y los diarios dicen llueve” o “Televisión=manipulación”. Dentro del movimiento ‘Democracia Real Ya’ se ha creado un sub-grupo llamado ‘Periodismo Real Ya’, cuya plataforma digital es una cuenta en Facebook.

Sea desde esta plataforma o en paralelo a ella parece que la coyuntura exige explicar que el sector de los medios de comunicación es, tras el de la construcción y automovilístico el más afectado por la actual crisis económica, que los profesionales trabajamos, en general, en una situación de gran precariedad, que se sucecen los ERES y despidos, que las concentraciones de medios en manos de pocos propietarios recortan puestos y atentan contra la pluralidad tan necesaria para la democracia. En esta línea, la profesora de la Facultad de Comunicación de Sevilla, María Lamuedra Graván, prepara interesantes documentos que espero poder enlazar pronto aquí, pues suponen una gran contribución al necesario debate. Modestamente ofrezco por si en algo puede servir -aunque no es un texto actual sino de 2002- la ponencia que escribí para el III Encuentro Iberoamericano de Economía Política de la Comunicación: “Precariedad laboral de los periodistas, la morzada de la prensa libre. Tentación peligrosa de pasividad”.

Pero escribo este post porque esta semana se anuncian reuniones y novedades muy interesantes:
– La convocatoria por la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) de una “Asamblea de periodistas desempleados o en precariedad laboral”, el próximo miércoles 1 de junio, a las 20.00h. en su sede de la calle Esproceda 6, 2ª planta. Se trata de “analizar la situación, buscar salidas y coordinar nuevos proyectos de autoempleo”, como un diario digital, una emisora de radio en Internet y una revista especializada que tiene previsto impulsar la propia APS.

– La celebración, también a instancia de la Asociación de la Prensa de Sevilla, mañana miércoles 25 de mayo, 20.00 h en la citada sede de una reunión para impulsar una Asociación de Periodistas Solidarios en la que periodistas y fotoperiodistas dediquen tiempo y trabajo a impulsar el desarrollo en lugares como Guinea-Bissau a través de la creación de nuevos medios de radios y prensa local.

Ambas reuniones están abiertas a todo periodista con interés en participar, sea o no miembro de la asociación.

– Finalmente, también supone una buena noticia que el Gobierno andaluz haya dado hoy el primer paso para la creación de un Colegio Oficial de Periodistas de Andalucía.

Difundo estas convocatorias e informaciones con el propósito de que cuantos podamos participar, contribuyamos con nuestro esfuerzo a mejorar la situación de la profesión y la calidad del servicio que estamos llamados a prestar a nuestra sociedad.

Película sobre la crisis y crisis en la vida real

Se exhibe estos días el documental ganador del Oscar 2011, Inside job (Trabajo confidencial), una película imprescincible para comprender cómo la crisis financiera de 2008 no sólo se pudo haber evitar, sino es un fenómeno buscado por banqueros y especuladores para hacerse más ricos y poderosos de lo que ya eran, a costa de lo que fuera, en este caso, a costa nuestra. Por el famoso Efecto mariposa, el insecto agita sus alas en el corazón de la Gran Manzana y, aquí, en Sevilla, esta semana, despiden a diez periodistas del Correo de Andalucía que se suman a los trece desempleados, por el ERE del pasado año.

Conviene no perderse el relato de cómo los bancos crearon fondos de alto riesgo y convencieron a sus clientes de que invirtieran en ellos, contrataron a las agencias de calificación para que dijeran que eran seguros y luego, ellos mismos los hundieron en un doble juego que les hizo ganar dinero por todos lados.

¿Cómo -me pregunté en la oscuridad de la sala- esas agencias de calificación de las que no había oído hablar jamás antes de la crisis y que han participado en este fraude global de manera tan descarada son hoy fuente citadas como fiables a diario en nuestros medios de comunicación? Este mismo mediodía, en el Telediario de TVE1 he escuchado asombrada que una de las agencias (¿Hay alguna diferencia? ¿Lo sabe alguien? ¿Se lo pregunta el busto parlante?) ha colocado a Japón en el escalón previo a la degradación de su deuda. ¿Qué importancia tiene eso? ¿Qué valor? Si el día antes del crac las agencias aseveraban que todo iba de maravilla y así seguiría.

Llama también mucho la atención, escalofría, comprobar como los principales asesores económicos del presidente Bill Clinton que iniciaron la actual desregulación de los mercados financierons (lucrándose con ello), continuaron su trabajo durante la Administración Bush Jr. y, lo que es aún peor, son a quienes ha recurrido Barack Obama para, supuestamente, salir del actual desastre.

Y, por último, pero fundamental, se desenmascara el nefasto papel de la Universidad. Cómo eminencias de las facultades de Económicas más importantes e influyentes de EEUU y Gran Bretaña ampararon con sus estudios esta desregulación del mercado que nos ha llevado a donde nos ha llevado y no lo hicieron porque se equivocaran, sino porque eran pagados, subvencionados, por las entidades bancarias que más se lucraban con ese status quo. Salvando las distancias con el mundo anglosajón que cómo ya sabemos está en todo mucho más avanzado, es de preveer que en nuestra Europa, gracias al Plan Bolonia, las investigaciones académicas dependan cada vez más de esas financiaciones privadas, por lo que se ve, tan desintersadas. ¿Empezamos a temblar ya?

¿A qué vamos a esperar? El nivel de vida en todo el mundo ha bajado, los causantes no sólo han ganado dinero con ello, sino que al no verse penalizados se sienten reforzados y dispuestos a nuevas aventuras empresariales y el poder político, entretanto… Para empezar, pierde día a día credibilidad. Su incapacidad para actuar hace pensar que quienes realmente mandan son unas instituciones no elegidas lo cual hace que merme la fe ciudadana en la democracia. Si los partidos tradicionales, de izquierda y derecha, no reaccionan el electorado, o se abstiene o busca opciones en los márgenes del sistema. Por eso repuntan partidos de extrema derecha. Y preocupados por la competencia que suponen, según las encuestas, ya andan los líderes de la derecha (Berlusconi, Sarkozy y Merkel) proclamando que hay que reformar el tratado de Schengen y acabar con la libre circulación de personas por Europa. La excusa es la llegada de inmigrantes de Libia. La realidad, un nuevo recorte de derechos que sufriremos todos si no nos oponemos.

El próximo 1 de mayo, Día de los Trabajadores, es una buena oportunidad para manifestar nuestra determinación de no dejarnos avasallar. Y, entretanto, cuantos queráis manifestar vuestra solidaridad con los periodistas de El Correo de Andalucía, podéis hacerlo firmando la carta a la que se accede por este enlace.

Elocuencia, acción individual y transformación social

La película triunfadora en la última edición de los Oscar, El discurso del rey, guarda en el cofre de un férreo clasicismo formal un canto a la elocuencia y al valor movilizador, transformador de la palabra que no puede ser más vanguardista en estos días de revolución en lo que muy imprecisamente se llama “el mundo árabe”.

Ganadora de las estatuillas a mejor película, director, guionista y actor protagonista, la cinta narra la historia de un rey tartamudo -el padre de la actual monarca británica Isabel II-, en el instante crítico de tener que liderar a sus ciudadanos ante el desafío de la II Guerra Mundial. Y más allá de constatar que el actor Colin Firth merecedor de todo reconocimiento hace tiempo, lo ha alcanzado al fin, como tantos, al interpretar un personaje con discapacidad, cabe señalar que resulta paradógico cuánto conmueve a Occidente una historia sobre la importancia de la palabra cuando en realidad, el discurso es en nuestro mundo un valor a la baja.

En fecha reciente un brillante profesor universitario de Literatura me ha confesado que no cree ya en la palabra y otro no menos lúcido escritor ha afirmado rotundo ante mí que carece de fe en el poder transformador de la literatura. Y creo que ambos han sido altavoces de sentimientos generarizados. Las palabras, parecemos concluir, servían antaño.

Pero he aquí que los corresponsales de esos periódicos nuestros cada vez más delgados, precisamente porque hasta sus dueños dudan ya del interés de esas grafías entintadas que son su carne y su sangre, dan cuenta de pueblos y ciudades donde el lenguaje sigue sirviendo. En Túnez, Egipto, Libia, la comunicación oral, en Facebook, Twitter o SMS ha sacado a la gente a la calle.

Acciones individuales, ésas que en Occidente también solemos calificar de inútiles, han logrado respaldo ciudadano y las reivindicaciones sociales, que asimismo nosotros, “burgueses acomodados” -al menos reconozcámoslo- consideramos voluntariosas, bienintencionadas pero abocadas al fracaso, han logrado derrocar regímenes totalitarios, dictaduras, que los europeos y los norteamericanos, por acción u omisión, respaldábamos.

Así que las palabras no sólo servían hace un siglo en este viejo continente nuestro, sino que siguen valiendo hoy incluso en lugares con gran proporción de iletrados. Y en otros territorios -me viene a la mente China- se censuran mensajes impresos o digitales precisamente porque a los tiranos no les cabe duda del poder del verbo.

Quizá aquí la censura no sea necesaria porque de un modo funesto alguien nos ha convencido de que nada de lo que digamos o hagamos valdrá de algo, transformará, mejorará la vida, la sociedad. ¿De verdad lo creemos? ¿Queremos creerlo? ¿Por qué entonces entre todas las películas distinguimos, no sólo con premios sino con el respaldo en taquilla, una como El discurso del rey? ¿Por qué al ver los telediarios nos conmovemos ante el valor de esos ciudadanos, muchos de ellos mujeres, a los que antes de ayer nos permitíamos considerar población adocenada sometida al dictado de regímenes autoritarios cuando no teocráticos? ¿Acaso no sentimos un punto de envidia ante su convicción de que algo se puede hacer todavía, de que aún cabe la rebeldía?

Acabo de conseguir la edición traducida al español de ese libelo político que ha sido el fenómeno editorial en Francia en el pasado 2010, un librito de apenas 60 páginas titulado Indignáos, escrito por Stéphane Hessel, un nonagenario que, en tiempos, fue miembro de la resistencia anti-nazi. Quizá haga una breve reseña del mismo cuando lo lea, pero de momento y apriorísticamente no puedo dejar de convenir con su autor que motivos para indignarnos no faltan tampoco en esta parte privilegiada del mundo. Y que, mientras no se demuestre lo contrario, no existe herramienta más efectiva para la reacción y la subversión que la palabra.

La gran noticia que no publicará El Correo de Andalucía


El Correo de Andalucía se descolgó ayer con una noticia que no va a publicar ni en primera plana, ni en el menor de sus breves: va a despedir a trabajadores y pretende que casi el cincuenta por ciento de sus indemnizaciones las paguen, bajándose el sueldo, los que conserven su empleo. Increíble, pero cierto.

El histórico periódico llevaba mes y medio amenazando con presentar un expediente de regulación de empleo (ERE) que dejara en la calle a veintidós trabajadores. Éstos, en un ejemplo de unidad con pocos precedentes en el gremio, hechos una piña alrededor de su comité, han estado luchando por evitar el desastre y ofreciendo alternativas responsables. La última que, para ahorrar el dinero que supuestamente necesitaba la empresa, en vez de despedir a los veintidós compañeros, trece voluntarios se dieran de baja con la indemnización correspondiente, de 32 días por año trabajado. Han hecho las cuentas y las cuentas salen.

Pero la empresa no se da por satisfecha. Quiere indemnizar a quienes se vayan (algunos con 36 años de antigüedad) con 20 días por año trabajado, en vez de 32. Da a los que se quedan, eso sí, la siguiente alternativa leonina:

– Renunciar a una paga extra.
– Decir adiós a 900€ cada uno, que la empresa pretende compensar con 11 días de empleo suspendido (es decir, cuyo coste correrá a cargo del INEM, o sea, de todos los ciudadanos).
– Perder 2.000 € más brutos al año de los que 1.080 € los acabarán recuperando vía complemento los trabajadores actuales (no los nuevos contratados).
– Congelarse el sueldo hasta, como mínimo, diciembre de 2012.

Una jugada maestra que, de paso, abarata el coste de la plantilla con vistas a hacer más interesante una probable venta de la cabecera a otro empresario.

A partir de ahora se dejará sentado que los redactores más caros tendrán un salario de 1.500 €/mes, y un horizonte de indemnizaciones de 20 días/año. Poco, pero es probable que a futuro hasta eso parezca demasiado y se reemplace a los de momento salvados por recién licenciados, aún más baratos.

Hoy es el día en que los compañeros de El Correo tienen que decidir (mediante voto secreto) qué hacen: si se niegan, por dignidad, a autobajarse el sueldo o si consienten en sacrificarse con tal de que sus trece compañeros se vayan al desempleo con algo que no sea una indemnización humillante (aunque pagada en tres plazos, el último en julio de 2011, ¡Dios les coja confesados!). La empresa les carga con una responsabilidad que no les corresponde.

Su sensación de impotencia es más grande porque el contexto nacional e internacional les hace temer que de no firmar el acuerdo ahora, en breve pueden echar a los trece, a los veintidós, o a más gente pagando 20 días/año. Estamos en un momento crítico de recesión brutal, económica, política y social. Con unos sindicatos debilitados por su escasa capacidad de movilización, unos partidos con el norte perdido y una sociedad civil asustada y desmovilizada.

El margen de maniobra de los compañeros en este caso concreto es escaso. Pero en general, a medio plazo, todos, los que se vayan, los que se queden, y los que no pertenecemos a la plantilla de El Correo, los periodistas y los no periodistas, la sociedad civil en su conjunto tenemos que organizarnos y oponernos a los recortes de derechos que se están produciendo. ¿Qué nos garantiza que los mercados no acabarán exigiendo más bajadas salariales, coste de despido cero, jornadas de 50-60-70… horas semanales, trabajo infantil, la restauración de la esclavitud…? Por supuesto que esas medidas dejarían a las empresas mayores márgenes gananciales? ¿Cómo creemos que se han convertido en potencias emergentes países como China e India? No hay que ser Premio Nobel de Economía para contestarse.

Tenemos que parar esto. Hacer del “Yes, we can” de Obama, más que un lema de campaña, más que un eslogan consumista. Toda la sociedad civil, y en especial los periodistas. Nosotros desde el foro más modesto, como éste, a las grandes tribunas de TV, radio, prensa, tenemos nuestras parcelas de influencia.

Hoy, de entre los muchos compañeros de El Correo en los que pienso, la que no se me va de la cabeza es ésa redactora de la Sección de Economía, cuyo nombre ignoro, que anoche, tras la asamblea, volvió a su mesa, hizo borrón y cuenta nueva con sus preocupaciones personales y se esforzó en explicar de la mejor manera el proyecto de Reforma Laboral que baraja el Gobierno y que, todo hace indicar, va a recortar más aún nuestros ya delgados derechos. Esa compañera, que se aferró a su fe en la dignidad del oficio, a su creencia en que es necesario, por más que sea imperfecto, que es preciso aunque no informe de todo lo que ocurre, aunque oculte, por ejemplo, que la mayoría de periodistas son trabajadores explotados, con interminables jornadas de trabajo y sueldos miserables y cuyos conflictos laborales son silenciados porque todos los medios de comunicación tienen cadáveres en sus armarios.

Por ella, por el resto de compañeros, por todos los trabajadores afectados y por nosotros mismos hay que movilizarse. Antes de que, como avisaba Bertolt Brecht en su célebre poema, sea demasiado tarde.

PD: Aquí van enlaces a dos textos que ayudan mucho a comprender qué está pasando y cómo hemos llegado a la actual coyuntura socio-político económica. Pensar en ello es fundamental para lograr cambiarlo:
La revancha de los mercados de Enrique Gil Calvo (El País, 8/6/2010)
¿Cuánto mercado puede tolerar la democracia? (El País, 11/6/2010)