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BookCrossing: Dos crímenes de Jorge Ibargüengoitia


La novela Dos crímenes, de Jorge Ibargüengoitia, logra en 200 páginas obsesionar al lector con el destino de su protagonista, radiografiar la realidad violenta y corrupta del México de los 70 y que uno desee fervientemente oír más y más de ese castellano poderoso y mágico.

Todo empieza en el Distrito Federal, la noche de una fiesta en casa de Marcos, El Negro, y su novia, La Chamuca, simpatizantes de la izquierda clandestina (el PRI fue partido hegemónico 60 años, 1929-1989). Entre sus amigos se cuela un desconocido, espía de la Policía. Y al día siguiente se les acusa de un atentado. Así que Marcos y la Chamuca huyen pero direcciones distintas.

Marcos va a buscar ayuda –dinero- a Muérdago, la ciudad de su familia donde sólo le queda un tío, viejo, rico e impedido y unos codiciosos primos que lo cuidan como si fueran buitres a la espera de que muera.

Mentiras, intrigas, deseo –hacia su única prima, Amalia y la hija de ésta, Lucero- se entremezclan en una acción con giros sorprendentes y un final impactante.

Pero si algo destaca y atrapa desde la primera a la última página es el lenguaje, castellano exótico, exuberante que refiere y genera realidades ajenas a la de la Península ibérica.

Dormí mal. Hacía calor y me desnudé, quité las cobijas y conservé la sábana, abrí al ventana y entraron moscos; Amalia, a quien imaginé de bata chodrón y chinelas de marabú con tacón alto, me despertó las cuatro veces que fue al baño, el reloj de la parroquia tocó cada cuarto de hora, despierto me preguntaba qué suerte habría corrido La Chamuca, dormido la soñaba siendo atropellada por un camión de mudanzas, el cenzontle empezó a cantar a las cinco de la mañana, a las seis llamaron a la primera misa y a esa hora empezaron a pelearse los gorriones.
Pp. 61.

Por momentos uno cree reconocer escenarios y personajes de culebrones –que Ibargüengoitia me disculpe.

(Cita una canción que no he encontrado, que igual inventa y que describe como sigue:

‘Déjame como estaba’ es una canción que trata de un hombre que tiene una experiencia amorosa muy triste, porque las mujeres no son como él esperaba. Cuando la amante se despide él exige que lo deje como estaba antes de conocerla, “sin amor ni dolor ni nada” (Pp. 111).

A falta de ese tema podríamos sustituirlo por el maravilloso ‘Quisiera amarte menos’, en la emocionante interpretación de Chavela Vargas, cuyo vídeo encabeza este post).

Pero la enorme diferencia del libro con las citadas telenovelas (pido perdón de nuevo por la boutade) la marcan:
– La mencionada fuerza del lenguaje y sus tipismos.
– La ironía.
– El carácter de los personajes.
– Y, sobre todo, el esbozo profundamente crítico que al final queda trazado de la corrupción en el Estado y la sociedad mexicanos.

Corrupción y violencia, muchas veces impunes, que por desgracia aún desangran a ese maravilloso país, que adoro desde que fui en 2005, pero que sufre vergonzosas lacras como los feminicidios de Ciudad Juárez.

Jorge Ibarguengoitia tuvo él mismo una vida y, sobre todo, una muerte de novela. Con final trágico porque el autor, (un año más joven que García Márquez sólo ocho mayor que Vargas Llosa) murió en un accidente de avión en Madrid.

En 1983, un Boing 747 de Avianca se estrelló en Mejorada del Campo. El avión que cubría el trayecto París-Bogotá vía Madrid chocó de noche contra tres colinas y se incendió. Entre las 192 personas que viajaban (pasajeros y tripulantes), había escritores, músicos e intelectuales que acudían a un Encuentro de la Cultura Hispanoamericana. Apenas una decena sobrevivió. Ibargüengoitia murió.

Dejó viuda, la pintora inglesa Joy Laville –que ilustraba sus novelas- y una obra formada por cuentos, piezas teatrales, artículos periodísticos, relatos infantiles y más de media docena de novelas entre ellas ésta Dos crímenes, Las muertas o Los pasos de López.

Al parecer, Ibargüengoitia dudó hasta el final si ir a Colombia porque estaba preparando su séptima novela. Finalmente no sólo viajó sino que, según se dice, se llevó con él el borrador de su libro que, como él, desapareció en el siniestro.

IBARGÜENGOITIA, JORGE: Dos crímenes, Ed. RBA, Barcelona, 2010.

EL PAÍS augura éxito a mi novela, Lazos de humo

El crítico del suplemento Babelia Manuel Rodríguez Rivero, en su artículo del sábado 20 de agosto, ha augurado a mi primera novela Lazos de humo (Temas de hoy, Planeta) un éxito de ventas a la altura de los de Ruiz Zafón o María Dueñas.

Los ejercicios adivinatorios siempre me han parecido osados, jamás me planteé “escribir un superventas” y quienes me conocen -aunque sólo sea por leer las entradas de este blog- saben de mi escala de valores y los ítems que no figuran en ella. No obstante, sería fantástico que la novela que he escrito con tal esfuerzo y convicción sedujera a tantos lectores como el crítico-sibila pronostica.

Eso se comprobará a partir del 11 de octubre, fecha en que está previsto que salga a la venta. Agradezco que con casi dos meses de antelación Rodríguez Rivero con su artículo Encantado de saludarla, señora Wilde haya puesto la lupa sobre ella, habiendo como hay tantos títulos a punto de ver la luz.

Pero, insisto, cuando llegue a las librerías veremos si atrae al hombre o mujer que pase cerca de ella, si les incita a distinguirla entre el resto, cogerla, abrirla y dejarse atrapar por las primeras líneas hasta sumergirse en la historia que cuenta. Nada me ilusiona más que esa perspectiva de encuentro de la novela con cada lector, individual. Quizá, ¿quién sabe?, Rodríguez Rivero al leerla descubra algo inesperado, se sorprenda.

Entretanto reitero mi gratitud y pongo esto en vuestro conocimiento para que echéis un vistazo al texto y a la ilustración jocosa. Quien ha sido guionista de un canal de comedia como Paramount está obligada a reírse de sí misma.

Summer gifts


Agosto regresa y pese a las turbulencias (financieras y, en el norte del país, meteorológicas) a algunos afortunados nos ofrece la posibilidad de descansar. Antes de ir al mar y, como otros años, dejo a los habituales del blog regalos para disfrutar en vacaciones: disco y libro.

Un viaje en Noria del grupo catalán Pastora ha sido el CD que más he oído desde que salió a la venta a principios de 2011. Y además ha tenido el efecto de hacerme recuperar los dos anteriores: La vida moderna (2005) y Circuitos de lujo (2008) con temas hipnóticos como “Archivo de palabras tristes” o “Desolado” en el primero y “Cósmica” o “Decibelios” en el segundo.

En mi mente Un viaje en noria está asociado al frío y el ritmo trepidante del invierno pero el disco es digno de ser descubierto y disfrutado en cualquier ocasión. De hecho el single Feel the magic, al que pertenece el vídeo, bien podría convertirse en canción del verano, si no fuera porque el género parece condenado a lo peor. Pero cuesta destacar un tema entre los doce (“Fruta madura”, “Noria fobika”,”Mi generación” o “La nada trae la nada”), todos logrados, crudos y a la vez vitalistas, que impelen a bailar.

En cuanto al libro, acabo de terminar y recomiendo vivamente Dos crímenes del mexicano Jorge Ibargüengoitia. Narra la peripecia de un izquierdista que escapa de la Policía que injustamente le achaca un atentado pero en su huida se ve involucrado en esos crímenes del título. Siendo la historia interesante y certero el retrato de ese México de “mordidas” policiales y tejemanejes de los grandes propietarios, lo mejor es el lenguaje, el poder de ese español exhuberante tan distinto de nuestro castellano. Su ritmo, su sonoridad me atraparon hasta la última página… y me han dejado con ganas de más Ibargüengoitia, un escritor muerto prematuramente en accidente aéreo (1928-1983) pero que tuvo tiempo de dejar una prolífica obra de calidad.

Cd y libro, ‘summer gifts’ de este año. Quiero creer que regalo el placer que ambos me han proporcionado, los viajes en que me embarcaron y que cualquiera puede emprender desde donde esté, aunque sea en la ciudad habitual, aunque este año las complicadas circunstancias nos dejen en casa. Ánimo, si es el caso. Y, sea cual sea la coyuntura, tratad de descansar, cuidáos y en septiembre, si os apetece, aquí nos reencontramos.

Lucidez bajo el agua

El último libro de Rafael Argullol, Visión desde el fondo del mar, es una invitación a bucear hacia el mundo abisal de nuestra personalidad, a sumergirnos en las oscuras profundidades de nuestros anhelos y temores, aún a riesgo de que las corrientes nos ahoguen, con el convencimiento de que si sobrevivimos seremos devueltos a la superficie más sabios, más lúcidos. Más curtidos, desde luego.

En realidad, es el autor quien salta al agua. Pero el que esté dispuesto a leer las 1212 páginas de esta obra -con intencionada forma de caótico diario, saltos adelante y atrás en el tiempo y paradas en ciudades de todo el globo- debe aceptar compartir el juego.

Argullol, profesor durante 30 años en universidades europeas y estadounidenses y autor de 25 novelas que, como este libro, va a publicar la editorial Acantilado, aborda temas universales como el de la identidad, el destino, la felicidad, el dolor, la enfermedad y la muerte y sobre todo el amor y el deseo. Todo con el propósito confeso de hacer un autorretrato “para arrancar un poco más de vida al olvido, como siempre” (Pp. 1148).

Si amor y deseo tienen tanta importancia en la obra y en la vida es –se desprende- no sólo por la tiranía del instinto, sino porque resulta el camino más certero hacia la realización y el autoconocimiento.

¿Completar la Gran Frase? Encerrados en nosotros mismos jamás lo conseguiremos (…) voy indagando en las palabras invisibles, las cifras ocultas situadas entre la tumba y la cuna.
Quiero meter la mano en el cofre y dar. Para eso, no obstante, necesito que alguien llame a mi puerta. Necesito el regalo de un huésped a quien, por mi parte, yo pueda regalar mis tesoros. Sin la guía de ese huésped nunca completaremos la Gran frase. Con su cercanía, en cambio, podemos atrevernos. Nada es imposible en compañía del amigo, de la amante, del dios inesperado, del fulminante demonio o de aquel jugador que está dispuesto a jugar en un tablero sin límites.
A todos ellos ofrecemos el regalo, de todos ellos podemos recibir la donación. Las dos partes del mundo se juntan en el instante mismo en el que se produce una entrega desinteresada entre dos amigos, entre dos amantes, o cuando sentimos la elevación súbita o nos precipitamos a una sima de promesas maravillosas porque un impulso irreprimible nos arrebata a la cárcel de nuestra piel y nos arroja a la libertad del deseo: entonces, aunque sólo sea por unos días, unas horas, por el frágil parpadeo de un segundo, las palabras se engarzan, las cifras se recomponen, un extraño fulgor ilumina la Gran Frase y todo adquiere un sentido tan fácil y evidente que nos parece una rareza haber podido vivir tanto tiempo ajeno a una verdad tan obvia. Pp. 221.

Y para Argullol nada resulta más claro que el hecho de que el sentido de esta vida, abocada igual que los libros, a la aniquilación, el fuego y la ceniza, es tratar de acercarse lo más posible a la verdad. Para lo cual, discrepando nada más y nada menos que de Platón, propone la vía de desarrollar, simultáneamente, el mayor número de roles:

Durante toda mi vida he sido un entusiasta lector de Platón (…) Por el contrario, en cambio, no puedo tolerarle la nefasta pretensión suya de exigirle al hombre un solo papel para llegar a la verdad (…) para decirlo un poco al modo hindú, creo que cuantos más avatares sea capaz el hombre de tomar a lo largo de su vida, más cerca estará finalmente de la verdad. No quiero ser el virtuoso que sueña con los delitos que el pecador realiza; quiero ser algo que horrorizaría a Platón, el virtuoso y el pecador simultáneamente. Pp.1116.

Lástima que, como por desgracia es frecuente incluso en los varones más inteligentes, incurra en cierta cosificación de la mujer, se muestre convencido de que nosotras no podemos compartir su perspectiva y aún cuando quiera halagarnos nombrándonos las “sacerdotisas de la mística del enamoramiento” nos relegue al manido papel de enfermeras o cazadoras arteras con frases como:

La mujer, sobrecargada de vida, ama para salvar, mientra que el hombre, mutilado de vida ama para salvarse. Pp. 1049.

O

He temido a esas mujeres que he amado, he temido su desmesura, su magnífico don para tender redes infinitas; he temido sobre todo su obstinación en proteger el objeto de su amor arrasándolo. Pp. 1050.

Sin darse cuenta de que nosotras no estamos sentadas en la orilla, pescando, sino que hace milenios, desde el mismo día en que fueron creados los océanos, también buceamos, tan encantadas y asustadas con nuestra libertad como nuestros hermanos peces machos.

Sugerencia: Acompañar la lectura con el tema Planetes Marins, cantado en un precioso catalán por Dolo Beltrán, en el disco La vida moderna del grupo Pastora

Una joya entre toneladas de novedades editoriales


La suerte me ha sido propicia y ha puesto en mi camino un libro pequeño, lacerante y delicioso El fabuloso mundo de nada (Acantilado, 2010), de un autor, Javier Mije, del que extrañamente tampoco tenía referencia pese a ser paisanos y contemporáneos.

Se trata de un volumen de doce relatos, 103 páginas, frases e imágenes certeras como flechas que al mismo tiempo hieren y espolean. En definitiva una joya, sencilla (en su delgadez), hipnótica (en su oscura belleza) y necesaria en lo que tiene de reveladora de algunos de los más hondos conflictos de los hombres y mujeres que hoy somos, los sentimentales.

Entre las toneladas de papel que inundan las mesas de novedades de las librerías, tal vez cueste encontrar este título que apareció en junio de 2010 pero merecerá la pena pedirlo al librero o buscarlo en un anaquel.

Dado que existe una inmejorable reseña escrita por mi compañero el periodista y escritor Daniel Ruiz, en lugar de escribir yo otra, prefiero remitiros a ella.

Lo que no he podido resistir ha sido el interés de dialogar con al autor de esta obra que me parece tan pertinente y esclarecedora y el resultado de nuestro encuentro es una entrevista publicada en la revista cultural on line Tertulia andaluza.

A modo de adelanto de lo que podéis encontrar en El fabuloso mundo de nada, aquí tenéis un fragmento de su primer cuento, Las tres y diez.

“Te despediré ahora y volveré a andar solo por ahí, regresaré a los bares y a las plazas acechando abismos como el tuyo, estrellas que señalen el punto exacto donde acaba el universo, hermanas incestuosas o cualquier otro misterio que me libre del tedio, del aburrimiento de las cosas sencillas de este mundo. Procuraré esquivar la muerte junto a otra mujer hasta que mi sed de experiencias se nutra de ella, hasta que otro reloj, inevitablemente, vuelva a dar las tres y diez. Eternamente insatisfecho, enfermo de esta enfermedad mortal como otros lo están de codicia o vanidad”. Pp. 14

Javier Mije, es también autor de El camino de la oruga (Acantilado, 2003) y uno de los treinta escritores seleccionados por Andrés Neuman para la recién publicada antología de cuentistas españoles titulada Pequeñas resistencias 5 (Páginas de espuma, 2010). En este enlace podéis escuchar la entrevista que Pedro Blanco y Javier Rioyo le acaban de hacer en Hoy por hoy de la Cadena SER.

BookCrossing: Calle Katalin


Jamás había oído el nombre de la húngara Magda Szabó (Debrecen 1917-Budapest 2007), pero la edición que Mondadori acaba de hacer de su novela Calle Katalin (1969) me ha descubierto una obra y una autora brillantes.

El libro, de sólo 192 páginas, es un artificio prodigioso donde se conjugan con maestría heterodoxa el fondo y la forma, el tiempo y el espacio. Es una pieza lúcida e hipnótica, que consigue atraparnos a medida que nos presenta, a fogonazos, la historia de tres familias vecinas y amigas destrozadas por la violencia de los sucesivos nazismo y comunismo.

Concretamente los cuatro personajes que al inicio de la novela son niños, Henriett, Bálint y las hermanas Irén y Blanka, protagonizan esta historia que empieza de un modo enigmático, con una primera parte, titulada Escenarios, en la que sus nombres y los de sus padres, los de las calles y barrios que habitaron, se mezclan en un desorden premeditado que nos transmite la esencia del espacio (un Budapest reconocible aún hoy, pese a lo mucho que las circunstancias políticas han cambiado), para, a continuación, dar paso a seis capítulos (1934, 1944, 1952, 1956, 1961 y 1968) donde se exponen episodios concretos, los hechos que marcaron sus vidas.

Determinados, en su mayoría, por la persecución ideológica. Algo que, inevitablemente, nos hace pensar en la autora, en su propia biografía. Hija de una familia burguesa, Szabó publicó sus primeros libros al terminar la Segunda Guerra Mundial, pero poco después del ascenso al poder en su país de los comunistas, dejó de publicar (dedicándose en exclusiva a la enseñanza y la traducción). Su prolífica creación (novelas, ensayos, poemas) sólo volvería a ver la luz a partir de la década de los 60 pero lograría, eso sí, ser publicada en más de cuarenta países y galardonada con premios de tanto prestigio como el fracés Fémina (2003) por La puerta o el Cévenne a la mejor novela europea del año 2007 por este Calle Katalin.

La trama de la novela tiene entidad suficiente para despertar el deseo de leerla. Pero es el modo de desarrollarla (no ya contrario a la linealidad, sino ajeno a ella, con osadía militante) lo que resulta más admirable y sorprendente. Sorprendente incluso pese a que la autora nos desvele su plan en la primera hoja con estas palabras:

“El proceso de envejecer no es como lo describen los escritores, ni tampoco como se define en la medicina.

A los vecinos de la calle Katalin ni los libros ni los médicos les habían preparado para la
extraña nitidez con que la vejez les iluminaría (…) Nadie les había advertido de que la desaparición de la juventud no resultaba alarmante por lo que les quitaba, sino por lo que les daba. Ni sabiduría, ni serenidad, ni sobriedad o calma, sino la conciencia de la desintegración del Todo.

De pronto se percataron de que la vejez había desintegrado su pasado, algo que en su infancia y años de juventud habían considerado compacto y sólido; (…) El espacio se había resquebrajado en escenarios, el tiempo en fechas, los hechos en episodios, y los vecinos de la calle Katalin acabaron comprendiendo que, de todo lo que constituían sus vidas, en realidad sólo importaban unos pocos escenarios, fechas y episodios (…)

Para entonces ya sabían que entre vivos y difuntos apenas hay una diferencia cualitativa sin demasiada importancia, y que a cada ser humano le es dado tener en la vida a una sola persona a quien invocar en el instante de la muerte”.

Uno de esos libros que, al terminar, acaricias… unos de los pocos que, contra mi contumbre, voy a releer.

BookCrossing: Black, black, black

La última novela de Marta Sanz es una de las mejores que he leído últimamente. Una intriga detectivesca atípica en la que se investigan asesinatos, pero sobre todo se pone de relieve que la violencia es la base de nuestro sistema y por eso aflora no sólo cuando se asesina, sino en el día a día de unas relaciones interpersonales que son cada vez más agrias, con nuestros hijos, padres, parejas, compañeros, vecinos, inmigrantes, con nuestros semejantes.

Marta Sanz logra esta crítica corrosiva de la realidad actual con una novela coral plagada de personajes cuya personalidad, cuyo carácter, es uno de los grandes hallazgos. Los protagonistas son Arturo Zarco, detective homosexual recién salido del armario y su ex mujer, Paula Quiñones, una inspectora de Hacienda, coja, con la que mantiene, pese a la ruptura, una potentísima relación, de colaboración profesional, de amistad, de complicidad… sin duda alguna una relación sentimental.

Irónicos, sarcásticos, los dos se enfrentan en momentos sucesivos y desde sus particulares ópticas a la indagación de las muertes de dos mujeres en un edificio del centro de Madrid, conociendo a sus moradores y descártandolos como sospechosos hasta dar con el asesino. Pero algunos de estos vecinos son mucho más que secundarios. Luz y su hijo Olmo, por ejemplo, son inolvidables, en sí mismos y por la relación que entretejen.

Marta Sanz escribe desafiando cualquier corrección política (en recientes entrevistas ha dicho “huir de lo políticamente correcto para ser correctamente política”) y abriendo espacios en la novela también para lo lírico (algo que no es extraño dado que es también poeta y este mismo 2010 ha publicado los poemarios Perra mentirosa y Hardcore). Entre la multitud de pasajes muy poéticos, algunos con gran importancia de lo cromático, del color rojo, símbolo de la muerte y la violencia, destaco el siguiente:

“Las mariposas se descomponen en pleno vuelo, mis piernas se carbonizan mientras camino y los restos de ceniza van dejando un rastro sobre la acera, perder el cuerpo mientras se anda es lo mismo que ser un reloj de arena vivo, orgánico”. Pp. 74

La obra tiene también una dimensión metaliteraria, de reflexión sobre el propio acto de escribir que me encanta y que se consigue, como tantas veces, al equiparar la figura del escritor con la del detective. Destaco este fragmento:

“Soy detective porque no creo que este mundo esté loco ni que sólo las psicopatías generen las muertes violentas ni que únicamente los forenses y los criminalistas que rastrean los pelos, las huellas parciales, las cadenas de ADN, la sangre y el semen que empapan las alfombras y las sábanas puedan ponerle un nombre a los culpables. Creo en la ley de la causa y el efecto. En la avaricia. En la desesperación. En la soledad. En la compasión y en la clemencia. En los argumentos de los prevaricadores. En la necesidad de un techo y de una caldera de calefacción. En el deseo de acaparar y en los motivos ocultos del mentiroso compulsivo. Creo en la eficacia de los tratamientos psiquiátricos y en la honradez de ciertos jueces. Creo que podemos comunicarnos a través de los lenguajes y en el desciframiento de los símbolos. En los especialistas en quinésica que se convierten en jefes de recursos humanos. No todo es aleatorio ni fragmentario ni volátil ni inaprensible. Existen repeticiones. Soy detective porque creo en la razón…” Pp. 82.

Pero, por supuesto, para aprehender toda la belleza de esta sorprendente novela, original, divertida y certera, que con gran facilidad sobresale entre sus compañeras en las mesas de novedades de librerías y bibliotecas, lo que hay que hacer es acercarse a una de ellas, distinguirla, cogerla, llevársela a casa y leerla.

BookCrossing: El Proyecto Lázaro


Acabo de terminar El proyecto Lázaro, una novela turbadora, fascinante, poética e irónica que recomiendo leer con urgencia.

Escrita por el autor bosnio Aleksandar Hemon narra la peripecia de Vladimir Brik, narrador y alter ego del propio Hemon y, como él, bosnio residente en Chicago que investiga la muerte de un judio ruso que le precedió como inmigrante en la ciudad y fue salvajemente asesinado en 1908: el joven Lázaro Averbuch.

Averbuch es un personaje conmovedor. Tanto, que no puedo dejar de sentir que merecería más páginas, ¿todas sería demasiado? Probablemente. Entiendo la apuesta del autor y, sin embargo, echo de menos saber más de Lázaro, compartir con él más tiempo. El primer capítulo, la narración de su asesinato, es uno de los textos con más vigor que he leído en los últimos tiempos. Me ha dejado la sensación de estar leyendo algo realmente nuevo. Una conmoción parecida a -me temo que esto no beneficie a Hemon, porque no es políticamente correcto citar como referencia una serie de TV- la que me produjo el primer capítulo de Heroes. Lo vi y pensé que la serie daba un paso adelante en la ficción televisiva. Por desgracia, en los siguientes dejó escapar mi interés.

Cosa que no pasa con este libro. Me ha costado elegir pasajes a modo de muestra porque he subrayado párrafos casi en todas las páginas, algunos muy largos. Copio dos cortos pero significativos, uno sobre Brik, el narrador y otro sobre Lázaro, pero no Lázaro Averbuch, sino el bíblico, con quien el narrador apunta ciertos paralelismos:

Mary no veía mi rostro oculto porque no sabía cómo había sido mi vida en Bosnia, lo que me había hecho ser como soy, de donde vengo. Sólo veía mi rostro americano, adquirido a costa de no haber logrado convertirme en la persona que hubiese querido ser” (Pp. 136).

Pero al cabo de un tiempo Lázaro se marchó a Marsella con sus hermanas, y ahí sí hay una buena historia. Me pregunto si empezaría una nueva vida allí. A lo mejor nunca volvió a morir. A lo mejor aún anda por ahí vivito y coleando, completamente olvidado, como el conejito blanco de la chistera del señor Cristo. (Pp. 101)

Finalmente, sobre Lázaro Averbuch… Lo siento pero no puedo copiaros entero ese primer capítulo. Tendréis que leerlo. Son sólo diez páginas, pero es probable que queráis releerlas y seguro que os engancharan tanto que acabaréis el libro.

Termino agradeciendo a Alberto Manguel su excelente crítica en EL PAIS. Su recomedación vehemente de este título fue lo que me llevó a él y ahora que lo he leído estoy de acuerdo en que Hemon consigue algo más que entusiasmar al lector. De un modo nada efectista, aparentemente natural, “renueva el arte de narrar”.

Fascinantes viejos judíos neoyorquinos

Hace semanas que tenía pendiente el bookcrossing de la última novela que he leído, la fantástica Ravelstein de Saul Bellow, una novela cuya portada mis ojos habrían esquivado repelidos por un título sin significado, y cuyas tres primeras páginas casi me echaron. Como si el autor quisiera ponerme a prueba: “Sólo conocerás a Ravelstein, sólo compartiré a mi amigo contigo, si lo mereces, ¡gánatelo!”. Una apuesta arriesgada, que sólo un clásico (aunque sea contemporáneo) como Bellow puede permitirse. Noveles, abstenerse.

Pero tras haber visto la última de Woody Allen, Si la cosa funciona, me resulta imposible no relacionarlas. Comparten entre sí y con otras obras, como los libros sobre Zuckerman escritos por Philip Roth (el último, Sale el espectro) el nexo de ese anciano judío neoyorquino cascarrabias, más aún, objetable, en comportamiento,actitudes, pero con el atractivo de un Empire State imantado.

Alguien, además, que en estas latitudes resulta un personaje tan de ciencia ficción como los de La Guerra de las Galaxias. Una no puede evitar preguntarse, ¿qué habría pasado, cómo seríamos, si no los hubiéramos echado? ¿Cómo pudimos perder esas personalidades y las de sus creadores: Roth, Bellow, Allen?

Puesto que no tenemos otra manera de disfrutarlos, cualquier oportunidad debe aprovecharse. Si la cosa funciona sin ser, no ya genial sino siquiera original (no lo pretende), divierte y tiene esos chispazos de “vida verdadera” que para mi justifican el arte, en cualquiera de sus formas.

Y la novela, Ravelstein, hay que leerla. A falta de uno, tiene dos de esos viejos judíos neoyorquinos, intelectuales, poliédricos, únicos por más veces que se los haya retratado: el citado Abe Ravelstein y Chick, el narrador, y supuesto autor del libro que se quiere hacer pasar por una biógrafía del primero. Biografía heterodoxa, por lo menos. Hecha con pinceladas sueltas, manchas que no parecen dispuestas según ningún orden durante bastante tiempo (para lo que es un libro de 250 páginas) pero que en un determinado momento, nuestros ojos empiezan a ver como algo conexo, como el retrato más verdadero posible, el más cercano a la carne del que un día fuera Abe Ravelstein. Alguien a quien, gracias al libro, hemos conocido, y del que, sin darnos cuentas, incluso a pesar nuestro, nos hemos hecho amigos. Igual que de su biógrafo. Y también, en cierto sentido, de Bellow.

Si mido lo que me gustan los libros por lo que los subrayo si son míos o lleno de post-it si son prestados, éste me ha encantado. Tengo tantos papelitos pegados que me cuesta seleccionar las citas. Muchas tienen que ver con la muerte y a este grupo pertenecen las dos primeras que reproduzco. Pero añado una tercera para ilustrar el tono del libro que no es tétrico, ni triste, en absoluto.

Al preguntarme qué idea me hacía de la muerte, cómo la imaginaba, le dije que cesarían las imágenes. Pp. 166
(…) pero nadie, en el fondo de su mente y en el fondo de su corazón, cree que vayan a ceras de veras las imágenes. Pp. 245

Son muchos los que quieren verse libres de los muertos. Yo, en cambio, tiendo a aferrarme a ellos. Me acosa el presentimiento insistente –tendría que haber quedado aclarado a estas alturas- de que no se han ido para siempre (…) Sé que cuando se reconoce este tipo de fantasías uno pierde respetabilidad intelectual. Hasta yo mismo, puedo asegurarlo, cedo ante la opinión aceptada. Pero tiene que haber explicaciones simples que justifiquen la persistencia de Ravelstein en mi vida diaria. (…) Lo que ocurre es que no puedo dejar de procesar una información por el hecho de que no es intelectualmente respetable. Pp. 206

Si usted se marcha porque su odio al tabaco es más grande que su amor a las ideas, no le echaremos de menos. Pp. 174

BookCrossing: Elegía para un americano


Dejando a un lado que el título no me parece el mejor posible, porque remite al American Pastoral de Phillip Roth, y yerra la clave del libro, esta novela de Siri Hustvedt me parece imperfecta pero recomendable.

En ella, la autora, nacida en Minnesota, hija de noruegos, bucea en sus orígenes (o lo finge) a partir una trama en la que dos hermanos, Erik e Inga, psicoterapeuta y escritora, hallan una nota de su fallecido padre y tratan de resolver el misterio que encierra.

Los personajes se mueven en Nueva York que me atrae más con los años, pese a su fauna de artistas, snob, más trastornados tras el 11-S. El centro es un psiquiatra que me recuerda al protagonista de la serie In treatment a la que soy adicta (necesito mi dosis cada noche). Y, sin embargo, algo falla en seducirme.

Puede que sea que el misterio carezca de la entidad que promete, se desinfla, puede que el que protagonista no llegue a parecerme sino Siri Hustvedt travestida, pero creo que la clave está en estas palabras suyas:

Ella me había dicho que sintió la necesidad de sincerarse conmigo al verme atado. Contar una cosa siempre une una cosa con otra. Queremos tener un mundo coherente, no una mezcla de fragmentos aquí y allá.

Pues bien su novela carece de ese orden que de sentido. Me sentiría carca escribiendo esto si no hubiera leído en paralelo otra novela muy caótica en apariencia, Ravelstein, de Saul Bellow, de la que espero subir un post pronto, y bajo cuyas palabras subyace una magistral red, malla, línea eléctrica, muy ramificada pero que no se interrumpe, ni falla, que llega hasta mí y enciende mi cabeza, como una bombilla. Siento ser poco posmoderna en esto pero para mí el arte, es comunicación. Seguramente porque soy periodista (o al revés).

Lo que quiero decir es que parece que Hustvedt no tenga claro lo que cuenta. Siendo así da igual que lo tenga. No lo trasmite.

En cambio, hay notas líricas, ideas certeras y evocadoras que hacen que la lectura valga la pena. Con diferencia lo que más me ha gustado es el final (curiosamente caótico en la superficie pero que encierra una idea clara y, además, novedosa para mí, a pesar de que he pensado mucho en el tema del que trata, el de la relación autor-personajes). Erik, protagonista y narrador, mezcla sus pensamientos con los del resto de personajes que le han rodeado en la novela, familiares, pacientes. Los describe y reproduce frases textuales. Finalmente dice:

Me levanto y miro la nieve caer. Todo sucede al unísono. No puede durar, me digo, esta sensación no puede durar, pero no importa. La estoy viviendo ahora. En el dibujo la niña tiene alas. Está saliendo del coma. Mi hermana está tumbada en la hierba. Bésame, bésame así puedo despertarme. Entonces veo a la señora W. al término de nuestra sesión. Me sonríe y vuelve a usar la palabra reencarnación. “No después de la muerte, sino aquí, mientras estamos vivos”. Me tiende la mano y se la estrecho.
– Le echaré de menos- me dice.
– Yo también.

Para mi es más que una declaración de amor, la constatación por la escritora de su necesidad de los personajes, una afirmación del ser de éstos, de su ser físico, reencarnado, no sucesiva sino simultáneamente, en ella misma.