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El arte que sangra y goza de Miquel Barceló

Obras de Miquel Barceló, esculturas, cerámicas y pinturas atrapan a quien se acerca al Caixa Forum Madrid gracias a su potencia material, a la rotundidad de su carne, vulnerable al paso del tiempo, como la humana.

Un inmenso elefante “trompa-abajo”, de 7 toneladas de bronce, llama la atención de quien pasa por el Paseo del Prado. Atrae y hace sonréir a decenas de personas que tiran de teléfono móvil para fotografiarlo. Pero sólo los que realmente sucumben a su reclamo y suben a recorrer la exposición (gratuita, por cierto) pueden otorgarle luego un significado a su malabarismo, verlo como símbolo de “la ligereza de la materia”.

En efecto, a mi criterio, ese es el leitmotiv de la muestra que repasa la carrera del artista mallorquín desde 1983 hasta el pasado 2009. Ya sus primeros lienzos como los enormes L’amour fou (1984) o The big Sphanish Dinner (1985) son cuadros que interesa ver tanto de frente como con ángulo. Lo impactante de ellos no es tanto lo que representan sino su carnalidad, su relieve. En la construcción de ese palpitar es donde se cimentan su fuerza y su verdad. En el primero, no es ya que veamos al artista tumbado, desnudo, con su miembro enhiesto, en el corazón del desorden de su estudio, frente al ventanal abierto al mar; es que olemos la sal, sentimos la fuerza del epicentro creativo. En el segundo, las sartenes y paelleras, con moluscos hechos a base de chapas de refrescos, crepitan, llenan la sala de humo, gustan a socarrat.

La carne, la vida, es con relieve y así la construye Barceló. Un relieve hacia fuera como muestra en Bodegón rosa, (1995) donde un gran pescado azul saca su cabeza del plano, pero también hacia dentro como en Ex-voto à la chévre (1994) donde la pintura se convierte, literalmente, en el pellejo rasgado de una cabra, abierta en canal.

Materialidad. De seres vivos. Y muertos. Arena del desierto que se sedimenta sobre piedras son cuadros suyos como Paysage pour aveugles sur fond vert (Paisaje para ciegos sobre fondo verde) del que el propio autor explica que está hecho siguiendo el mecanismo de las dunas hasta el punto de que si hubiera seguido aplicando brochazos, de izquierda a derecha, por tiempo prolongado, habría conseguido montañas de pintura blanca.

Una cabra, como la ya citada, es también protagonista de la sala más negra de la exposición, la presidida por el cuadro Proyecte de crucifixió nº1 (1992) donde sobre uno de los iconos más universales, la cruz, se retuerce, no Jesús, sino una chiva. Ni asomo de burla en el efecto. El cuadro es un paso más en la reflexión constante del autor sobre la materia y el sufrimiento que experimenta por el tiempo y la muerte. El animal está de nuevo abierto, rajado en su carne de óleo y también está herido el cuadro, en sus bordes sobrecargados de pintura y por eso resquebrajados, agrietados, descompuestos, como lo estarán nuestros cuerpos.

Pese a lo tremendo, la muestra no resulta oscura ni mucho menos. Hay desde luego humor negro, como en la cabeza de bronce Pinoccio mort (1998), pero también celebración del temblor vital sobre todo en sus obras africanas, que ya había visto en 2008 en la fantástica exposición que les dedicó el Museo de Arte Contemporáneo de Málaga. Pero también en las que más a las claras evidencian la brevedad del suspiro de la vida.

Entre ellas destaco Sin título (2009), un inmenso lienzo blanco azulado del que emergen tomates cortados, frutos rojos, licuosos, palpitantes como corazones, como bocas de labios carnosos colorados, como amapolas reventonas. Rodeados de futuros tomates, aún sólo embriones, y de tomates ya pasados, excrecencias, pústulas, granos. La vida y la muerte. El presente, reinando, vanidoso, bello, incontestable, sobre el futuro y sobre el pasado.

Estuve mucho tiempo sin poder despegar mis ojos del cuadro. Volví a él cuando había terminado el recorrido recomendado. Ahora lo recuerdo y oigo la Oda al tomate de Neruda, cantada por Jorge Drexler. He adjuntado una foto aunque sé que la experiencia estética que se vive ante las obras de Barceló es irreproducible. Por eso en estos tiempos de temor a las reproducciones digitales, él debe dormir tranquilo, piratear su trabajo es imposible.

La conexión sólo es posible en directo. Aprovechemos que hasta el 13 de junio el umbral estará abierto.

Todo a cien en arte contemporáneo

En plenas Navidades, cuando todos, como hipnotizados por los destellos del alumbrado kitsch, nos entregamos a la fiebre consumista, lugares Montana Shop and Gallery o La nave spacial nos dan la posibilidad de regalar arte contemporáneo a precio razonable, cien euros como máximo.

Montana Shop and Gallery es un espacio original, dentro del panorama sevillano, un híbrido de tienda de ropa y galería de arte, con el nexo de “lo urbano” que por tercer año consecutivo pone en marcha esta especie de mercadillo. Para la ocasión ha implicado a los siguientes artistas:

Nano 4814 (Vigo), Suso 33 (Madrid), Pedro Godoy (Mérida), Manolo Cuervo (Sevilla), San (Cáceres), Egs (Helsinki), Marcos Fernandez (Sevilla), Axel-Void (Miami), Manuel Calvarro (Huelva), Felipe ortega (Sevilla), Wuz (Sevilla), Montse Caraballo (Sevilla), Claudia Font (Barcelona), Andy Rivas (Cádiz), Vino (Barcelona), Maria José Gallardo (Sevilla), Rocky (Barcelona), Wen (Sevilla), Rosh (Elche), Srger (Sevilla), Lahe (Sevilla), Fons (Elche), Rois (Elche), Osier (Sevilla), Rorro Berjano (Mérida), Seleka (Sevilla), More Amore (Huelva), Fossi (Sevilla), Mets (Madrid), Antonio Godoy (Mérida), Ed Zumba (Sevilla), Slam (Sevilla), Okuda (Santander), Kraser (Cartagena), Zosen (Barcelona), Yor (Cádiz), Mosterland (Sevilla), Irene Mala (Sevilla), Redneck (Sevilla), Largo (Sevilla), Pedro Delgado (Sevilla), Okan (Barcelona), Zeta (Madrid), D.O.C.S. (Valencia), JoeKing (Sevilla), Agnés Mateu (Barcelona), Curro Gonzalez (Sevilla), BInbo (Sevilla)

Sus obras de motivos, materiales, formatos totalmente diferentes pueden interesar a un público variopinto.

Su exposición, que se inaguró el 22 de diciembre con una sesión musical de Fun Frenzy, seguirá abierta hasta el 15 de enero en horario de 11:00 a 14:15 h. y de 18:00 a 20:15h. de martes a sábado, en el local de Montana (C/Pasaje Mallol, 10ac, en el barrio de San Luis). Y yo os animo a no perdérosla.

Pero el que vaya conviene que sepa que tiene cerca, en la Plaza del Pelícano, otra iniciativa parecida, ésta promovida por La nave spacial, espacio creativo autogesionado por escultores y artistas plásticos, dirigidos por el crítico de arte y comisario independiente Juan-Ramón Barbancho. Su muestra lleva el título de Estrategia de crisis: arte a 100 euros. Fue inaugurada el 18 de diciembre, seguirá abierta hasta el 9 de enero y en ella participan:

Rorro Berjano, Marcos Fernández, Antonio Godoy, Laura Calvarro, Seleka, Francis Naranjo, Felipe Ortega-Regalado, Aitor Lara, Eva del Fraile, Montse Caraballo, Sandra Carvalho, Miguel Soler, Cristina Galeote, Eduardo Dantas, Mercedes de la Gala, Mikel Linares (Cuba), Abdul Vas (Surinam), Alejandro Botubol, Ismael Lagares, Celia Macías, Manuel León, Víctor M. Gracia, Concha Ybarra, María Cañas, Alexander Pinto (Venezuela), Slam, Jabi Machado, Eugenio Heredia, Pablo Rodríguez, Pedro Delgado, Luis Salazar (Venezuela), Alfonso Terry, Amalia Ortega, María José Gallardo, Irene-Iré, Paka Antúnez, Patricia Ruíz, Axel_void, Rodrigo Tavera (Méjico), Macjob Parabavis (Venezuela), Olmo, Diego Diez, Peter Punk.

En definitiva, los artistas se ponen las pilas para llegar a un público que no los conocería y menos compraría por los canales de venta tradicionales, las galerías más consolidadas pero también más herméticas o caras.