Archivo de la categoría: Derechos humanos

Buscar la mejor respuesta ciudadana frente al ataque renovado de los mercados

Los llamados mercados y las instituciones convertidas en sus voceras (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo, etc.) exigen más recortes de derechos socio-laborales a Grecia si ésta quiere un préstamo que intente rescatarla de la quiebra financiera. Y los demás ponemos las barbas a remojar.
Ante esta circunstancia me viene a la cabeza que nos han colocado ante una encrucijada falsa y peligrosísima:

– O aceptamos el recorte salvaje de derechos [acabo de escuchar en la radio a dirigentes de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) diciendo que sólo se creará empleo cuando la indemnización por despido pase de 22 a 20 días. ¿No se iba a arreglar pasando de 45 a 22? ¿Llegará un día en que propongan que el trabajador indemnice al empresario cuando éste le despida?).

– O nos plantamos y entonces será la ruina. Pero no sólo eso. Sino que nuestra indignación actual, legítima, necesaria, en mi opinión imprescindible para frenar la deriva y buscar una salida, podrá desembocar en violencia. Y me pregunto: ¿no convendría esa violencia a los mercados y a los reaccionarios que los sustentan? ¿No estarán buscando precisamente provocar tanto a la ciudadanía que estallen de conflictos que les permitan justificar la adopción de medidas represivas excepcionales? ¿O incluso que nosotros mismos, ciudadanos críticos, desencantados, desesperados, al negar la legitimidad de las instituciones democráticas caminemos por nuestro propio pie hacia una sociedad totalitaria?

No soy yo una abonada a las teorías conspirativas. Sin embargo, en mis tres décadas y media de vida he presenciado movimientos descarados. Cuando un avión chocó contra las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 S de 2001 se nos planteó otra disyuntiva trucada: o ganaban los talibanes, reaccionarios, terroristas, que querían llevar a Occidente a un atraso social e intelectual medieval; o bien Occidente recortaba los derechos individuales para protegerse de los citados talibanes aún a costa de dar pasos atrás en la conquista de esa libertad que queríamos defender. Hoy somos menos libres que el 10 S 2011 y no sólo por culpa de los terroristas, sino también de líderes como George Bush y sus compañeros de las Azores que impusieron doctrinas como las de la guerra preventiva, los vuelos secretos, encarcelamientos sin juicios en cárceles como Guantánamo o Abu Ghraib, donde se interroga con tortura.

De modo que ojo con la mano que señala que sólo hay dos caminos: obedecer a los mercados, o disentir en la forma que ellos prevén. Busquemos nuestra tercera vía, seamos inteligentes, estrategas, mantengamos fría la cabeza por más que nos provoquen porque es mucho lo que se juega: nuestro futuro, nuestras vidas.

Confío en que en esta oportunidad, no nos dejaremos manipular, aunque no me engaño y sé que va a costar ya que, por todos los medios, lo intentarán. Ellos también se juegan mucho, en poder, dinero y dominación.

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Decrecer o morir

El foro de personas y colectivos, Red Decrecimiento Sevilla, celebra del 13 al 22 de mayo un encuentro para afrontar la coyuntura de crisis económica y financiera, energética, cultural, política, social, ecológica y moral.

La conferencia inaugural fue impartida a medias por el biólogo Miguel Delibes de Castro y la antropóloga y miembro de Ecologistas en Acción Yayo Herrero que alertaron sobre el peligro real de colapso de nuestra civilización, basada en el sistema capitalista y la ilusoria fantasía de que el crecimiento ilimitado es posible.

Resumo el contenido de la conferencia y posterior debate para quienes no pudieran asistir y estén interesados en acercarse a este movimiento de cuestionamiento y transformación y a aportar su grano de arena entrando en contacto con alguno de los muy diversos colectivos implicados: cooperativas agrícolas, banca ética, grupos de teatro, especialistas en salud, formación, urbanismo, asociaciones feministas, de gays y lesbianas, medios de comunicación alternativos, etc. Información sobre los miembros del colectivo Enredados Sevilla Decrece 2011 y programación AQUÍ.

Ya a finales de los 70, según Delibes, se sobrepasó el límite de la sostenibilidad, empezamos a consumir más recursos de los que la naturaleza regenera y a contaminar por encima de su capacidad para depurar.

Parámetros como el consumo de agua, la degradación de la superficie terrestres (de bosque a pastizal, de pastizal a desierto), la concentración de CO2, la fijación de nitrógeno, el agotamiento de caladeros, la extinción de especies etc. hacen urgente un cambio de modelo. Pero, “estamos tan fascinados con nuestro éxito como especie, con nuestra capacidad de desarrollo que no advertimos que ello entraña el riesgo de nuestra extinción”.

Frente a los optimistas biológicos que confían en que finalmente ocurra un milagro y aseveran que nunca antes se ha extinguido la especie humana, Delibes argumenta que ha habido extinciones de pueblos irresponsables en el uso de sus recursos como los pobladores de la Isla de Pascua. “El planeta es hoy una Gran Isla en el universo y si consumimos todos sus recursos, pereceremos como ellos”. Por eso, hay que decrecer.

A pesar de lo cual Delibes llamó a partir del realismo. “Decrecer no es fácil. El ‘creced y multiplicaos’ bíblico es asimismo un imperativo biológico. Toda especie, desde las cucarachas a los humanos tienden naturalmente a colonizar el universo y si no lo logran es por limitaciones externas. Además, no nos engañemos, quienes hemos llegado al siglo XXI lo hemos hecho porque nuestros antecesores se desarrollaron más que otros, a veces a costa de otros. Lo que determina el éxito darwiniano no es, como solemos decir, el ser más apto, más fuerte o tener mayor capacidad de adaptación sino la de reproducirse más que los demás”. Sin embargo, según Delibes, los humanos no somos esclavos de nuestra biología e igual que biológicamente no estamos hechos para volar pero volamos, estamos hechos para crecer pero podemos y debemos decidir decrecer.

Tras el análisis biológico, Yayo Herrero hizo una intervención de corte sociopolítico. La base de la propuesta decrecentista, según ella, pasa por “desbancar la obtención de beneficio como centro de la sociedad”.

“La lógica del sistema capitalista y tecnocientífico actual pone en riesgo la esencia básica y la subsistencia de la humanidad” –denunció-. “Sin embargo, el capitalismo reclama para sí el estatus de ley natural incuestionable, cuando es un sistema arbitrario, una convención y que como tal puede ser cambiado. Y en opinión de los decrecentistas, debe serlo porque:

– Tras la fisiocracia que situaba el valor en la tierra y el capitalismo clásico que lo ponía en los medios de producción, el capitalismo neoclásico actual pone el valor en lo monetario, lo que se puede transformar en dinero y cuestiones como la destrucción de la capa de ozono pueden cuantificarse monetariamente, pero son irreparables.

– El sistema genera una desigualdad evidente entre el 1 y 3 mundo pero también en el seno del primero. Mientras bancos y empresas ganan y crece el PIB, las rentas de los asalariados bajan. En España, entre 1994 y 1996, el gran boom económico, las rentas de trabajo bajaron un 10% y en la Comunidad de Madrid mientras en 1994 de cada 100% que tenía un trabajador debía 60, en 2007 de cada 100 €debe 140, lo que se ha producido es una ilusión de riqueza y una realidad de endeudamiento.

– El sistema obvia trabajos necesarios como los cuidados a niños, mayores y enfermos y prima otros empleos que no sólo no deberían ser prestigiosos sino, por dignidad humana desaparecer. El hecho de que los sueldos de especuladores sean mayores que los de médicos o profesores es una convención que habla de cómo es nuestra sociedad y eso es algo que si queremos podemos cambiar.

– El capitalismo genera hambre en el 3º mundo y hambre de experiencias, insatisfacción constante y ansiedad en el 1º.

– Niega la vejez y la muerte y nos convierte en niños malcriados y competitivos embarcados en consumir más y más sin freno y tener que trabajar más y más horas en trabajos precarios para consumir, vivir lejos de los centros de las ciudades donde los precios de los pisos son muy altos (algunos viven en Toledo o Valladolid y van cada día a trabajar a Madrid con el consiguiente gasto energético). Las mujeres nos hemos incorporado como sujetos políticos y laborales pero generalmente sin que los varones hayan asumido su parte alícuota de trabajo doméstico.

– La separación de los centros de producción y consumo hace que no seamos conscientes de las consecuencias de nuestros actos: el acto de cambiar de tfn. móvil (nuestra voracidad en el consumo tecnológico) parece tan leve que no podemos imaginar la explotación humana que genera en las minas de coltán en Congo. Por eso el decrecentismo propone comprar a productores locales, a los que se puede poner cara, conocer y comprender. La cercanía nos hace más conscientes de las consecuencias de nuestros actos y, en ese sentido, más morales.

– Los medios de comunicación generalistas, cuya propiedad está concentrada en pocas manos incurren con frecuencia en la propagación de consignas interesadas de los poderes fácticos sin cuestionarlas como cuando aseveran en los titulares que “los mercados esperan señales de los gobiernos para recuperar su confianza”. Ya decía el economista José Manuel Naredo que los mercados sólo se apaciguan con sacrificios humanos como las reformas laborales que restan derechos a los trabajadores.

– Toda esta situación ha derivado ya en un deterioro de nuestro sistema democrático tal que imputados por delitos graves no sólo concurren a las elecciones sino que son elegidos por mayoría y líderes de todas las potencias democráticas aplauden el asesinato de alguien como Bin Laden que, como el peor delincuente, merece un juicio con todas las garantías, según los principios democráticos más elementales que decimos defender.

Las líneas de actuación que Herrero propuso son:
– Romper con el tótem de que el crecimiento es no sólo deseable sino inevitable y defender que es posible vivir bien, mejor incluso con menos (menos bienes de consumo y menos gasto de energía).

– Recuperar referentes. “Los modelos no pueden ser Shakira, Angelina Jolie o Dani Pedrosa, sino referentes intelectuales”. Recuperar símbolos y conceptos como los de libertad, justicia, igualdad, integridad, felicidad… No podemos dejar que nos usurpen conceptos como el de libertad las administraciones de las grandes potencias que son quienes los están subvirtiendo”.

– Y en un plano político:
o Desmercantilizar bienes y servicios básicos: agua, vivienda,…
o Limitar la extracción de recursos y el consumo de energía.
o Reorganizar el sistema productivo con energías renovable sy un modelo de biomímesis.
o Reducción de la motorización y volver a la cercanía.
o Políticas ligadas al uso y no a la propiedad de la riqueza.
o Distribución: más y mejores impuestos.
o Revertir la degradación de los servicios públicos.
o Acabar con los paraísos fiscales.
o Reformular el concepto de trabajo: ver cuáles son los socialmente más necesarios y pagar en función de esta necesidad, bien social.
o Recuperación de lo local.
o Crear formas y espacios de vida más humanos, espacios colectivos de crianzas, trueque de bienes y servicio, solidaridad vecinal.
o En general una vuelta del ciudadano a la calle, a la comunicación de los demás, a la recuperación de conceptos y valores como la participación democrática, la decisión autónoma, la libertad”.

Dada la constatación de que los Gobiernos no van en esta línea, tanto los ponentes como los intervinientes en el turno de debate coincidieron en la necesidad de que movimientos como el Decrecentista busquen la mejor estrategia para promover este cambio de sistema. Desde la articulación de una alternativa política a los partidos actúales, al funcionamiento como red descentralizada pero muy activa, todas las opciones están abiertas.

Se constató un interés real por actuar y con urgencia y se compartió cierta satisfacción por comprobar que la inquietud es muy compartida, por un aforo muy números, heterogéneo en edad, ocupaciones, formación y sensibilidad.

Por último comparto los dos referentes teóricos citados para quienes estén interesados en profundizar en estas cuestiones:
– El ingeniero y urbanista Ramón Fernandez Durán, fallecido esta semana, cuyo libro La quiebra del capitalismo global: 2000-2030, se reseña hoy en Babelia.
– Y el economista José Manuel Naredo.

Elocuencia, acción individual y transformación social

La película triunfadora en la última edición de los Oscar, El discurso del rey, guarda en el cofre de un férreo clasicismo formal un canto a la elocuencia y al valor movilizador, transformador de la palabra que no puede ser más vanguardista en estos días de revolución en lo que muy imprecisamente se llama “el mundo árabe”.

Ganadora de las estatuillas a mejor película, director, guionista y actor protagonista, la cinta narra la historia de un rey tartamudo -el padre de la actual monarca británica Isabel II-, en el instante crítico de tener que liderar a sus ciudadanos ante el desafío de la II Guerra Mundial. Y más allá de constatar que el actor Colin Firth merecedor de todo reconocimiento hace tiempo, lo ha alcanzado al fin, como tantos, al interpretar un personaje con discapacidad, cabe señalar que resulta paradógico cuánto conmueve a Occidente una historia sobre la importancia de la palabra cuando en realidad, el discurso es en nuestro mundo un valor a la baja.

En fecha reciente un brillante profesor universitario de Literatura me ha confesado que no cree ya en la palabra y otro no menos lúcido escritor ha afirmado rotundo ante mí que carece de fe en el poder transformador de la literatura. Y creo que ambos han sido altavoces de sentimientos generarizados. Las palabras, parecemos concluir, servían antaño.

Pero he aquí que los corresponsales de esos periódicos nuestros cada vez más delgados, precisamente porque hasta sus dueños dudan ya del interés de esas grafías entintadas que son su carne y su sangre, dan cuenta de pueblos y ciudades donde el lenguaje sigue sirviendo. En Túnez, Egipto, Libia, la comunicación oral, en Facebook, Twitter o SMS ha sacado a la gente a la calle.

Acciones individuales, ésas que en Occidente también solemos calificar de inútiles, han logrado respaldo ciudadano y las reivindicaciones sociales, que asimismo nosotros, “burgueses acomodados” -al menos reconozcámoslo- consideramos voluntariosas, bienintencionadas pero abocadas al fracaso, han logrado derrocar regímenes totalitarios, dictaduras, que los europeos y los norteamericanos, por acción u omisión, respaldábamos.

Así que las palabras no sólo servían hace un siglo en este viejo continente nuestro, sino que siguen valiendo hoy incluso en lugares con gran proporción de iletrados. Y en otros territorios -me viene a la mente China- se censuran mensajes impresos o digitales precisamente porque a los tiranos no les cabe duda del poder del verbo.

Quizá aquí la censura no sea necesaria porque de un modo funesto alguien nos ha convencido de que nada de lo que digamos o hagamos valdrá de algo, transformará, mejorará la vida, la sociedad. ¿De verdad lo creemos? ¿Queremos creerlo? ¿Por qué entonces entre todas las películas distinguimos, no sólo con premios sino con el respaldo en taquilla, una como El discurso del rey? ¿Por qué al ver los telediarios nos conmovemos ante el valor de esos ciudadanos, muchos de ellos mujeres, a los que antes de ayer nos permitíamos considerar población adocenada sometida al dictado de regímenes autoritarios cuando no teocráticos? ¿Acaso no sentimos un punto de envidia ante su convicción de que algo se puede hacer todavía, de que aún cabe la rebeldía?

Acabo de conseguir la edición traducida al español de ese libelo político que ha sido el fenómeno editorial en Francia en el pasado 2010, un librito de apenas 60 páginas titulado Indignáos, escrito por Stéphane Hessel, un nonagenario que, en tiempos, fue miembro de la resistencia anti-nazi. Quizá haga una breve reseña del mismo cuando lo lea, pero de momento y apriorísticamente no puedo dejar de convenir con su autor que motivos para indignarnos no faltan tampoco en esta parte privilegiada del mundo. Y que, mientras no se demuestre lo contrario, no existe herramienta más efectiva para la reacción y la subversión que la palabra.

STOP racismo contra los gitanos


La expulsión masiva de ciudadanos rumanos desde Francia y la connivencia hacia ella de las instituciones europeas es una vergüenza. Y si los ciudadanos no queremos ser cómplices de esa persecución por razones étnicas, al ser todos los expulsados gitanos, y de pobreza, tenemos que alzar nuestra voz y oponernos.

Con una ingenuidad sospechosa solemos preguntarnos, ¿cómo fueron los alemanes capaces de soportar el holocausto que perpetraba el poder nazi? Tengamos la valentía de contestarnos la verdad que de sobra sabemos: mirando hacia otro lado como nosotros hacemos a diario.

Seguro que ellos también tenían sus problemas de trabajo, de pareja; vivían en un contexto socioeconómico muy parecido al nuestro de crisis y de paro. Ya entonces los gitanos compartieron con los judíos (los homosexuales, los comunistas y otras minorías) el ser el chivo expiatorio para la frustración generalizada.

¿No hemos aprendido nada? ¿Podemos creer que todo esto está pasando casualmente? ¿Qué coinciden en el tiempo los recortes sociales, con maniobras en las que se azuza el miedo al diferente, al inmigrante? ¿Han logrado décadas de adocenamiento colectivo, en las que se nos ha transmitido el desprecio por cualquier forma, no ya de ideología, sino de idealismo, han logrado –digo- su objetivo de desactivar el más mínimo de nuestros pensamientos críticos?

Quiero creer que no. Europa no son ellos, los presidentes de los Gobiernos (del ultraderechista Sarkozy al supuesto socialdemócrata de Zapatero que, para mi total asombro ayer le saltó a la palestra para echar un capote a su compañero). No lo son, de la misma manera que Ratzinger no encarna el espíritu del Evangelio. Europa somos nosotros, los europeos. Si Europa tiene sentido no es por el mercado (el carbón y el acero del pasado) sino por los ideales humanistas, por los derechos humanos, precisamente enunciados en la Francia revolucionaria, hoy tan reaccionaria. Europa son los rumanos, gitanos o no gitanos, porque son miembros de la Unión europea y tienen todo el derecho a moverse por ella, como nos movemos el resto.

Tenemos que parar el racismo de inmediato. Hacernos una chapa o una pegatina y pegárnosla en la solapa. Todos. Quizá la iniciativa tuviera tirón mediático si se sumaran esos grandes artistas, muchos de ellos gitanos, que este mes en Sevilla protagonizan la Bienal de Flamenco.

Hay que negarse a dar por buena la estigmatización de todo un pueblo. Sin embargo, las expulsiones han ayudado a Sarkozy a aumentar su valoración popular que estaba por los suelos.

Recurrir a la demagogia, al populismo es siempre muy fácil. Ser fuerte con el débil cuesta mil veces menos que serlo con el poderoso. Mientras uno distrae al pueblo azuzando el miedo al diferente, se evita tener que parar los pies a esos poderes fácticos por culpa de los cuales estalló la actual crisis económica, esos que pidieron un rescate a los gobiernos internacionales que se han debido llevar a paraísos fiscales y ahora andan empeñados en que la solución pasa por reformar el mercado de trabajo, es decir, por tener más fácil el echar gente a la calle y pagar menos a los que tengan ‘la suerte’ de quedarse trabajando más horas que antes.

En este contexto se oyen en la radio tertulianos que justifican a Zapatero diciendo que tiene que seguir el juego de Sarkozy aunque no le guste porque está en juego la ayuda antiterrorista de Francia o se lee en la prensa supuestamente de izquierda a pontificadores del ultraliberalismo más salvaje, como Santiago Miño, diciendo que “no es tiempo de revoluciones de invierno” sino de “aceptar recortes económicos y sociales”.

Y una no puede dejar de escalofriarse ante el grado de cinismo que ha logrado implantarse en nuestra sociedad. A pesar de lo cual confío en que reaccionaremos, en que lo haremos ya, antes de que tengamos que lamentar haber vuelto a hacerlo tarde.

Salvar la vida de una acusada de adulterio

El caso de Sakineh Mohammadí Ashtiani, iraní de 43 años, condenada a morir lapidada por adulterio ha trascendido hoy y provocado una movilización global que ha conseguido parar su lapidación. Pero sigue condenada a muerte, probablemente en la horca. Urge actuar para salvarla.

Amnistía Internacional (AI) recoge firmas contra su asesinato. Firmar es muy fácil, rápido y efectivo, como se ha comprobado en las pocas horas que han mediado desde que se conoció su caso hasta que se ha evitado su lapidación. Así que os animo a hacerlo, os enlazo la página con el cuestionario de firmas de AI y os pido que corráis la voz entre vuestros contactos, para que lean y firmen el comunicado contra la ejecución.

Madre de dos hijos, Sakineh Mohammadí, fue encarcelada en 2005. La detuvieron acusada de haber mantenido una “relación ilícita con dos hombres”, uno de ellos relacionado con el asesinato de su marido. Mohammadí confesó, sin entender los cargos, ni poder explicarse al ser de la minoría azerí que habla un dialecto del turco, así como coaccionada por la policía. En mayo de 2006 fue condenada a recibir 99 latigazos. La sentencia se ejecutó.

Pero posteriormente agravaron la acusación contra ella asegurando que las relaciones sexuales habían ocurrido antes de la muerte de su esposo, es decir, eran “relaciones extramatrimoniales”, lo que se castiga con la lapidación, consistente en enterrar al condenado hasta el pecho y golpearlo hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarlo en el acto, ni tan pequeñas como para no hacerle daño.

En el juicio, dos de los cinco jueces del tribunal la declararon inocente, dijeron que no había pruebas de adulterio y consideraron pena suficiente la ya sufrida de flagelación. Pero los otros tres, incluido el presidente del tribunal, la declararon culpable. El Tribunal Supremo confirmó la condena de muerte el 27 de mayo de 2007 y desde entonces su indulto, que depende de la Comisión de Amnistía e Indulto, ha sido denegado dos veces.

Hoy 8 de julio gracias a la presión internacional, el gobierno iraní ha emitido un comunicado informando que Sakineh no será lapidada, pero sin conmutar su condena a muerte. Tratemos de evitarla, insisto, firmando aquí.

Ex-soldado israelí clamará en Sevilla contra la violencia

Itamar Shapira, ex-militar del ejercito israelí y miembro de la organización Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), dará una conferencia en castellano, el próximo jueves 17 de junio, a las 20.00 horas, en el Aula Magna de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla (calle San Fernando) sobre las acciones de las Fuerzas Armadas de Israel en los territorios ocupados palestinos y las violaciones de derechos humanos perpetradas contra el pueblo palestino.

Shapira, hijo y hermano de militares israelíes y militar él mismo durante una etapa de su vida, es actualmente integrante de la organización “Breaking The Silence”, creada en 2004 por soldados que sirvieron al Ejército israelí durante la Segunda Intifada del año 2000.

Todos ellos participaron en acciones en Gaza y Cisjordania. Una experiencia que fue traumática pues les llevó a constatar la diferencia que hay entre la teoría de unas acciones supuestamente encaminadas a defender la seguridad del Estado de Israel y la práctica de atropellos cometidos, muchas veces, contra población civil inocente. Unos atropellos que siembran el odio y alimentan así un círculo vicioso, de violencia y sangre, que es lo que ellos, ahora mediante la palabra, intentan combatir.

“Breaking The Silence” ejerce fundamentalmente su actividad dentro del Estado de Israel y los territorios ocupados, pues su principal objetivo es crear, allí, un clima de convivencia pacífica. Sin embargo, una vez al año emprenden visitas internacionales para “romper el silencio” que se cierne sobre la realidad del conflicto, dar voz a sus víctimas. Ahora, con ayuda de Aministía Internacional, recorren España, donde han inagurado una exposición fotográfica en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (10-20 junio), participado en programas de radio como Hora 25 (cadena SER) y están ofreciendo conferencias en ciudades como Madrid, Toledo, Sevilla, Vigo y Santiago.

He adjuntado arriba el vídeo/resumen de una conferencia anterior de Itamar Shapira, pronunciada en hebreo, subtitulada en inglés y creo entender que traducida simultáneamente al árabe.

Para ampliar información dossier PDF aquí.

Aniversario de la liberación de Mauthausen y crisis política actual

El día 5 de mayo se conmemora el aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Mauthausen, considerado el campo español, pues en él estuvo recluida la mayoría de los 9000 republicanos españoles que fueron hacinados y torturados en los campos de concentración nacionalsocialistas. Sólo un tercio de ellos sobrevivió a la desnutrición, la explotación en su célebre cantera, las torturas y la política de exterminio que se practicó allí hasta el fin de la II Guerra Mundial, en 1945, hace ahora 65 años. El resto fue convertido en ceniza en unos hornos crematorios llamados a borrar las huellas de su paso por la vida y de los crímenes que los mataron.

Los pocos españoles que vivieron lo suficiente como para ver llegar a los aliados los recibieron con una pancarta en la que se leía: “Los antifascistas españoles saludan a las fuerzas libertadoras” y se conjuraron contra el olvido con un manifiesto, llamado de los supervivientes, que terminaba así:

“… No olvidaremos jamás los sangrientos sacrificios que los pueblos tuvieron que hacer para reconquistar la felicidad de todos. Recordando la sangre derramada y los millones de seres humanos sacrificados, asesinados, inmolados por el fascismo-nazi, juramos no abandonar jamás el camino que nos hemos trazado. (…) Nos dirigimos al mundo entero para decirle: Ayúdanos en nuestra tarea.”

Asociaciones como la Amical de Mauthausen, cuyo delegado en Andalucía, Ángel del Río, me ha facilitado estos textos, además de interesantísimos datos (Andaluces en los campos de Mauthausen , Centro de Estudios Andaluces, 2006) participan hoy, 5 de mayo de 2010, en actos en memoria de aquellos republicanos que sufrieron una triple violencia: su derrota en la guerra civil, su reclusión en los campos nazis y el exilio una vez liberados, pues España seguía bajo el yugo del franquismo. Uno de estos actos se celebrará en la Diputación Provincial de Sevilla, a las 12.30 con asistencia de los alcaldes de los pueblos de los que eran originarias las víctimas sevillanas. Y las conmemoraciones seguirán hasta el fin de semana cuando tendrá lugar la del propio Mauthausen, con asistencia de delegaciones internacionales, entre ellas la que está previsto encabece la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Homenajes organizados por sentido de justicia, pero también para que, como querían los supervivientes, su sacrificio no sea en vano, y jamás se repitan, por ignorancia, los errores (criminales) del pasado.

Sin querer dramatizar, hace meses que me prepocupa la actual coyuntura política internacional, europea y, en particular española. Las últimas semanas, más el día de ayer, han resultado complicados. Primero la crisis financiera global y ahora la desconfianza generalizada no ya en los políticos o en instituciones (como los tribunales), que también, sino en todo el sistema están creando un clima viciado, con el que hay que tener cuidado.
Yo, como tantos, vivo asombrada una situación en la que los Estados y los ciudadanos que los formamos prestamos dinero a los bancos para que ellos a su vez puedan re-prestárnoslo, eso sí, a intereses mucho más altos o, en el peor de los casos, como ha ocurrido con Grecia y dice un rumor interesado que pasará con España (para descubrir algo curioso de las agencias de calificación que están creando el pánico recomiendo leer esta carta al director de EL PAIS) se nieguen a prestárnoslo desconfiando de nuestra capacidad de pago. Casi no puedo creer que alguien como Carlos Solchaga (ex minsitro de Economía del PSOE en la etapa de González) diga (anoche en la Cadena SER) que el Gobierno tiene que hacer las reformas económicas necesarias (laborales y fiscales, nada de regulación bancaria o de paraísos fiscales, por supuesto) “y no esperar a que los Bancos las hagan o les obliguen a hacerlo”. ¿Qué quiere decir con esto? ¿Qué son los bancos quienes gobiernan y no los gobiernos? El propio presidente Zapatero afirmó ayer sin empacho que si los mercados se desplomaran por el rumor sin fundamento de la insolvencia española la cosa sería “muy preocupante”. Bueno, pues es justo lo que ha ocurrido, y sí es grave, pero él no está ahí sólo para asombrarse, ni siquiera para indignarse, sino para tomar medidas al respecto.

A pesar de mi estupor creo, siguiendo las famosas tesis de Descates, que no conviene tirar abajo algo sin saber previamente qué va a reemplazarlo. Creo que la democracia parlamentaria es el mejor de los sistemas imperfectos. Pero para evitar cualquier involución (y no nos engañemos, la involución hace tiempo que se está produciendo) tenemos que dar pasos. Deben darlos los políticos (los Gobiernos desde luego pero también las oposiciones, ensarzados ahora en imperdonables y ruines juegos de intereses electorales, no sólo en España, sino en el Reino Unido y Alemania, por ejemplo). Los políticos más que nadie deberían estar interesados en prestigiar el sistema. Pero si no se deciden a dar los pasos necesarios, la sociedad civil, nosotros, tendremos que tirar del carro. Un primer paso, me parece, es hablar, hablarlo, debatir fórmulas de mejora, propuestas concretas. En esta línea recomiendo vivamente leer el artículo La paradoja de la corrupción del profesor de Políticas de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), Víctor Lapuente Giné (El País). El artículo escrito a propósito del tema de la corrupción es revelador en un sentido mucho más amplio y es especialmente certero en la segunda mitad del texto. Recojo aquí sólo algunos párrafos:

El segundo mecanismo sería el sistema electoral. Por una parte, votar a candidatos individuales es mejor que a listas de partido cerradas, porque aumentan los incentivos a comportarse honestamente. Si los votantes te pueden echar a ti directamente, intentarás mantener tu reputación intacta. Esta es una característica buena de los sistemas electorales denominados “mayoritarios” (como los anglosajones) y que nosotros no tenemos, pues votamos a una tribu entera. Por otra parte, la falta de responsabilidad individual se compensa en muchos países europeos (con) pocas “barreras de entrada” para que una opción política nueva pueda entrar en la vida política, pues incluso un modesto porcentaje de voto te garantiza representación. Esa característica está muy limitada en España, donde abundan las circunscripciones electorales minúsculas y los incentivos para favorecer el bipartidismo.
En tercer lugar, disponer de medios de comunicación independientes juega un papel (…) En España tenemos una gran pluralidad externa (entre medios de comunicación), pero la pluralidad interna (dentro de cada medio) es limitada. El extremo opuesto sería el mundo anglosajón, donde la pluralidad externa es mucho menor, pero a costa de una mayor pluralidad interna. Así, nosotros podemos elegir entre un mayor número de medios, pero estos medios ofrecen un mensaje más monolítico (…) Por tanto, si los dirigentes políticos españoles estuvieran realmente interesados en eliminar la corrupción, deberían proponer tres acciones opuestas a las que han estado implementando en los últimos años (…) En lugar de dar más fuerza a los partidos, deberían dar más peso a los políticos individuales. Y en lugar de fomentar una pluralidad externa y sectaria de los medios de comunicación, deberían mimar la pluralidad interna. O esto o, sin ánimo de ser Casandra, nos deberíamos ir preparando para una tragedia griega..

Ojalá seamos capaces de conjurar este mal presagio. Para ello es importante recordar el pasado. Y ponerse manos a la obra, todos, para evitar que esas extrañas fuerzas invisibles (los mercados, las agencias, las corporaciones) acaben por arrancarnos los derechos, el estado de bienestar, la democracia, imperfectos pero fantásticos, cuya conquista exigió tantos sacrificios de quienes nos precedieron en este largo camino.