Conectar prensa y estudiantes de Secundaria


El primer paso para todos cuantos participamos en ‘La Prensa en las escuelas’es pasar a los alumnos un formulario de cultura general donde, entre otras cosas, se les interroga sobre el nombre de la presidenta andaluza o la provincia de nuestra comunidad donde está el Museo Picasso. Cuando en cuatro de los cinco institutos que me asignaron la mayoría de estudiantes ignoraba las cuestiones preguntadas y, más llamativo aún, expresaba su ignorancia con un “Yokesé”, o señalaban “Madrid” como novena provincia de Andalucía; cuando la estupefacción compartida con los profesores llevaba a éstos a contar que la Inspección educativa y los padres les presionan para que, en vez de exigir a los alumnos más esfuerzo bajen el listón de los exámenes, afloraron dudas como ¿Por qué ocurre esto? ¿Desde cuándo? ¿En qué momento será prioritario remediarlo?

Además de exponer algunas en un artículo de opinión para que quienes hace años que no entran en un aula atisben algo de lo que está pasando, por respeto a los alumnos, para no tratarlos con paternalismo y serles de utilidad consideré interesante comentar al final de la práctica sus cuestionarios. Y así lo he hecho en los cinco casos: tanto el que sobresalió en sus resultados para felicitarles, como en los cuatro que destacaron por el desconocimiento. En éstos inquirimos si ignoraban cuestiones políticas o culturales frente a las deportivas que sí sabían por falta de interés genuino o desinterés inducido por un poder al que le estorban los ciudadanos, críticos e informados. Es de justicia decir que los alumnos han reaccionado magníficamente y con gran sentido auto-crítico al desafío de mirarse al espejo. No son su responsabilidad ni el plan de estudios, ni la escala de valores que rige nuestra sociedad y se les transmite. La fama, el dinero y los enamoramientos son -según ellos- el termómetro del éxito y la felicidad a los que, lógicamente, aspiran. ¿Qué de bueno les aportaría la pasión cultural, política, o intelectual?

Los medios de comunicación son otra de las realidades para ellos distante. Televisión, radio, prensa no les interesan. No los ven, oyen, leen porque no tratan los temas que prefieren ni con el lenguaje que entienden. No les hablan a ellos y, en consecuencia, ellos les dan la espalda. Las redes sociales son cosa distinta porque ahí ellos son los protagonistas, aunque sean de una conversación tan sin final como sin fin -en el sentido de “propósito”, “objetivo”. Se trata casi de un “mantener el contacto”, que “la corriente eléctrica siga circulando”, para que el “aparato social” se mantenga funcionando.

Apoyo la presentación en power point que la APS nos facilita como soporte de la clase teórica, con el análisis de los ejemplares de Diario de Sevilla y Correo de Andalucía, del vídeo “¿Qué es la libertad de expresión” de la colombiana Fundación para la Libertad de Prensa, pero también de algunos ejemplos impactantes de foto o vídeo periodismo: desde la histórica imagen del resistente ante la columna de tanques en Tianamen, a la mujer de rojo turca gaseada por la policía de Erdogan por manifestarse, o la madre rusa sedada por una agente de Putin al criticar en una rueda de prensa el hundimiento del submarino Kursk en que murió su hijo. ¿Atisban los alumnos realidades molestas para el poder, que éste quiere tapar, no dejarnos ver? ¿Observan las grietas que se abren en la aparente realidad sin fisuras del sistema? ¿Quién si no el periodismo, los periodistas nos las muestran?

Un caso que atrapa la atención de los alumnos y facilita el vínculo empático con la difícil tarea de los reporteros que son nuestros ojos en todo el mundo es el del compañero jerezano Emilio Morenatti algunas de cuyas fotos vemos en la clase, así como el vídeo de su recuperación tras el atentado que sufrió en Afganistán. Pero, la heroicidad, no siempre se encuentra allende fronteras. También hay épica, comentamos en clase, en la supervivencia de periodistas en medios locales, regionales, nacionales, en condiciones laborales cada vez más precarias, atenazados por un panorama de alto paro, que les hace crecientemente vulnerables a las presiones del poder político y económico.

Para enlazar este punto teórico con la práctica, el arranque de la serie The Newsroom resulta muy útil porque plantea un dilema que bien podría resumir los diez que tratamos en la práctica y lo hace con la emoción de la ficción, en este caso audiovisual:

No es ya “que el periodista tenga que elegir entre servirse a sí mismo, o sea, triunfar haciendo triunfar a su cadena, teniendo gran audiencia y sacrificando para ello sus principios o servir a los ciudadanos con el coste laboral y personal que conlleve”, así en abstracto;
Sino de si Will McAvoy, ese hombre que vemos debatiéndose entre dos opciones, ése que no está seguro de si ve o no, entre el público de su conferencia, a la mujer que es su compañera, su amor, su inspiración, casi su conciencia, si él dirá o no la inconveniencia que le acarreará críticas, pérdida de audiencia y quizá un despido. Por ser fiel a su criterio y servir así, de la mejor manera, a la ciudadanía.
Ya metidos de lleno en la práctica, la cuestión se extrapola: ¿Y los alumnos, qué harían si fueran ellos los periodistas ante una encrucijada? ¿O los jefes, los dueños de los medios? ¿O los poderosos con secretos que esconder a la prensa y la opinión pública? ¿O los estudiantes ávidos de lograr unas prácticas con las que insertarse en el mundo laboral? ¿O los lectores? Esos que ellos aún no son, aunque tal vez, un día otorguen valor al trabajo de esos redactores anónimos, nada famosos, que sea en conflictos internacionales o, más cerca de ellos, en sus pueblos y barrios se juegan unos su vida y otros su trabajo por contarles la versión más honesta posible de los hechos que ocurren tras puertas que para los periodistas -a diferencia de la mayoría- están abiertas. Con la vocación, con el compromiso de servir a sus conciudadanos para que vivan del modo más pleno, sin ser manipulados, decidiendo en libertad su actitud y conducta política y social, no sólo -aunque también- en las citas electorales, como votantes.

El desarrollo de la sesión práctica es estimulante. Porque a partir de un supuesto escándalo urbanístico que los alumnos descubren, siguen todos los pasos desde el hallazgo y comprobación de la noticia hasta su publicación y puesta a disposición del lector. Afrontando, en cada peldaño, la responsabilidad de decidir por ellos mismos.

Teniendo siempre delante una realidad que no se les puede hurtar. La de que, por más que se les inste a formarse, estudiar, convertirse en ciudadanos de criterio propio y honestidad indomable, ni la industria mediática, ni en general la sociedad, favorece -menos aún premia, con prestigio, salario o estabilidad- la independencia. Es decir, que ser un periodista -o cualquier otro trabajador- comprometido no supone ser un profesional de fama y éxito y que, como ciudadano, no es descartable ser más feliz viviendo hipnotizado, llevando como lema el “ojos que no ven corazón que no siente”. Pero igual que los recién nacidos emergen a la luz, el calor, el estruendo y el dolor, así se llega a la conciencia, con todas las consecuencias.

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