Archivo mensual: julio 2010

Salvar la vida de una acusada de adulterio

El caso de Sakineh Mohammadí Ashtiani, iraní de 43 años, condenada a morir lapidada por adulterio ha trascendido hoy y provocado una movilización global que ha conseguido parar su lapidación. Pero sigue condenada a muerte, probablemente en la horca. Urge actuar para salvarla.

Amnistía Internacional (AI) recoge firmas contra su asesinato. Firmar es muy fácil, rápido y efectivo, como se ha comprobado en las pocas horas que han mediado desde que se conoció su caso hasta que se ha evitado su lapidación. Así que os animo a hacerlo, os enlazo la página con el cuestionario de firmas de AI y os pido que corráis la voz entre vuestros contactos, para que lean y firmen el comunicado contra la ejecución.

Madre de dos hijos, Sakineh Mohammadí, fue encarcelada en 2005. La detuvieron acusada de haber mantenido una “relación ilícita con dos hombres”, uno de ellos relacionado con el asesinato de su marido. Mohammadí confesó, sin entender los cargos, ni poder explicarse al ser de la minoría azerí que habla un dialecto del turco, así como coaccionada por la policía. En mayo de 2006 fue condenada a recibir 99 latigazos. La sentencia se ejecutó.

Pero posteriormente agravaron la acusación contra ella asegurando que las relaciones sexuales habían ocurrido antes de la muerte de su esposo, es decir, eran “relaciones extramatrimoniales”, lo que se castiga con la lapidación, consistente en enterrar al condenado hasta el pecho y golpearlo hasta la muerte con piedras que no sean tan grandes como para matarlo en el acto, ni tan pequeñas como para no hacerle daño.

En el juicio, dos de los cinco jueces del tribunal la declararon inocente, dijeron que no había pruebas de adulterio y consideraron pena suficiente la ya sufrida de flagelación. Pero los otros tres, incluido el presidente del tribunal, la declararon culpable. El Tribunal Supremo confirmó la condena de muerte el 27 de mayo de 2007 y desde entonces su indulto, que depende de la Comisión de Amnistía e Indulto, ha sido denegado dos veces.

Hoy 8 de julio gracias a la presión internacional, el gobierno iraní ha emitido un comunicado informando que Sakineh no será lapidada, pero sin conmutar su condena a muerte. Tratemos de evitarla, insisto, firmando aquí.

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BookCrossing: Calle Katalin


Jamás había oído el nombre de la húngara Magda Szabó (Debrecen 1917-Budapest 2007), pero la edición que Mondadori acaba de hacer de su novela Calle Katalin (1969) me ha descubierto una obra y una autora brillantes.

El libro, de sólo 192 páginas, es un artificio prodigioso donde se conjugan con maestría heterodoxa el fondo y la forma, el tiempo y el espacio. Es una pieza lúcida e hipnótica, que consigue atraparnos a medida que nos presenta, a fogonazos, la historia de tres familias vecinas y amigas destrozadas por la violencia de los sucesivos nazismo y comunismo.

Concretamente los cuatro personajes que al inicio de la novela son niños, Henriett, Bálint y las hermanas Irén y Blanka, protagonizan esta historia que empieza de un modo enigmático, con una primera parte, titulada Escenarios, en la que sus nombres y los de sus padres, los de las calles y barrios que habitaron, se mezclan en un desorden premeditado que nos transmite la esencia del espacio (un Budapest reconocible aún hoy, pese a lo mucho que las circunstancias políticas han cambiado), para, a continuación, dar paso a seis capítulos (1934, 1944, 1952, 1956, 1961 y 1968) donde se exponen episodios concretos, los hechos que marcaron sus vidas.

Determinados, en su mayoría, por la persecución ideológica. Algo que, inevitablemente, nos hace pensar en la autora, en su propia biografía. Hija de una familia burguesa, Szabó publicó sus primeros libros al terminar la Segunda Guerra Mundial, pero poco después del ascenso al poder en su país de los comunistas, dejó de publicar (dedicándose en exclusiva a la enseñanza y la traducción). Su prolífica creación (novelas, ensayos, poemas) sólo volvería a ver la luz a partir de la década de los 60 pero lograría, eso sí, ser publicada en más de cuarenta países y galardonada con premios de tanto prestigio como el fracés Fémina (2003) por La puerta o el Cévenne a la mejor novela europea del año 2007 por este Calle Katalin.

La trama de la novela tiene entidad suficiente para despertar el deseo de leerla. Pero es el modo de desarrollarla (no ya contrario a la linealidad, sino ajeno a ella, con osadía militante) lo que resulta más admirable y sorprendente. Sorprendente incluso pese a que la autora nos desvele su plan en la primera hoja con estas palabras:

“El proceso de envejecer no es como lo describen los escritores, ni tampoco como se define en la medicina.

A los vecinos de la calle Katalin ni los libros ni los médicos les habían preparado para la
extraña nitidez con que la vejez les iluminaría (…) Nadie les había advertido de que la desaparición de la juventud no resultaba alarmante por lo que les quitaba, sino por lo que les daba. Ni sabiduría, ni serenidad, ni sobriedad o calma, sino la conciencia de la desintegración del Todo.

De pronto se percataron de que la vejez había desintegrado su pasado, algo que en su infancia y años de juventud habían considerado compacto y sólido; (…) El espacio se había resquebrajado en escenarios, el tiempo en fechas, los hechos en episodios, y los vecinos de la calle Katalin acabaron comprendiendo que, de todo lo que constituían sus vidas, en realidad sólo importaban unos pocos escenarios, fechas y episodios (…)

Para entonces ya sabían que entre vivos y difuntos apenas hay una diferencia cualitativa sin demasiada importancia, y que a cada ser humano le es dado tener en la vida a una sola persona a quien invocar en el instante de la muerte”.

Uno de esos libros que, al terminar, acaricias… unos de los pocos que, contra mi contumbre, voy a releer.