BookCrossing: Elegía para un americano


Dejando a un lado que el título no me parece el mejor posible, porque remite al American Pastoral de Phillip Roth, y yerra la clave del libro, esta novela de Siri Hustvedt me parece imperfecta pero recomendable.

En ella, la autora, nacida en Minnesota, hija de noruegos, bucea en sus orígenes (o lo finge) a partir una trama en la que dos hermanos, Erik e Inga, psicoterapeuta y escritora, hallan una nota de su fallecido padre y tratan de resolver el misterio que encierra.

Los personajes se mueven en Nueva York que me atrae más con los años, pese a su fauna de artistas, snob, más trastornados tras el 11-S. El centro es un psiquiatra que me recuerda al protagonista de la serie In treatment a la que soy adicta (necesito mi dosis cada noche). Y, sin embargo, algo falla en seducirme.

Puede que sea que el misterio carezca de la entidad que promete, se desinfla, puede que el que protagonista no llegue a parecerme sino Siri Hustvedt travestida, pero creo que la clave está en estas palabras suyas:

Ella me había dicho que sintió la necesidad de sincerarse conmigo al verme atado. Contar una cosa siempre une una cosa con otra. Queremos tener un mundo coherente, no una mezcla de fragmentos aquí y allá.

Pues bien su novela carece de ese orden que de sentido. Me sentiría carca escribiendo esto si no hubiera leído en paralelo otra novela muy caótica en apariencia, Ravelstein, de Saul Bellow, de la que espero subir un post pronto, y bajo cuyas palabras subyace una magistral red, malla, línea eléctrica, muy ramificada pero que no se interrumpe, ni falla, que llega hasta mí y enciende mi cabeza, como una bombilla. Siento ser poco posmoderna en esto pero para mí el arte, es comunicación. Seguramente porque soy periodista (o al revés).

Lo que quiero decir es que parece que Hustvedt no tenga claro lo que cuenta. Siendo así da igual que lo tenga. No lo trasmite.

En cambio, hay notas líricas, ideas certeras y evocadoras que hacen que la lectura valga la pena. Con diferencia lo que más me ha gustado es el final (curiosamente caótico en la superficie pero que encierra una idea clara y, además, novedosa para mí, a pesar de que he pensado mucho en el tema del que trata, el de la relación autor-personajes). Erik, protagonista y narrador, mezcla sus pensamientos con los del resto de personajes que le han rodeado en la novela, familiares, pacientes. Los describe y reproduce frases textuales. Finalmente dice:

Me levanto y miro la nieve caer. Todo sucede al unísono. No puede durar, me digo, esta sensación no puede durar, pero no importa. La estoy viviendo ahora. En el dibujo la niña tiene alas. Está saliendo del coma. Mi hermana está tumbada en la hierba. Bésame, bésame así puedo despertarme. Entonces veo a la señora W. al término de nuestra sesión. Me sonríe y vuelve a usar la palabra reencarnación. “No después de la muerte, sino aquí, mientras estamos vivos”. Me tiende la mano y se la estrecho.
– Le echaré de menos- me dice.
– Yo también.

Para mi es más que una declaración de amor, la constatación por la escritora de su necesidad de los personajes, una afirmación del ser de éstos, de su ser físico, reencarnado, no sucesiva sino simultáneamente, en ella misma.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s