Archivo mensual: octubre 2009

Dos rombos: el eterno retorno del arte erótico

Dos rombos, Espacio La bañera
Treintaiocho autores, un formato, cincuenta por cincuenta, y una cita, con el erotismo. Ése es el punto de partida de la muestra Dos rombos inaugurada ayer, en el espacio La bañera de Sevilla y que seguirá abierta hasta el 20-N, fecha cuya huella sigue aún fresca (fue el día que murió Franco, ¿hay quien no lo recuerde?).

Alejandro Botubol e Ismael Lagares, socios en la creación del taller y espacio creativo La bañera han sido los impulsores de la iniciativa y electores del tema. “El erotismo pone mucho a los artistas –nos explicó Botubol, mientras atendía a las visitas- y, hablando con galeristas, nos dimos cuenta de que hacía años que no se abordaba en Sevilla. Así que formulamos la propuesta a un grupo de compañeros y la verdad es que se han sumado con mucha energía, entusiasmo y disciplina, lo más difícil en los artistas, aceptando muy bien hasta la limitación del formato, en su mayoría”.

En efecto, apenas cinco o seis se han insubordinado al límite de la medida. El resto, la ha asumido, aunque sea jugando con el marco y utilizando como soporte uno más pequeño. Es el caso de la tabla de reminiscencias novecentistas en la que se representa un coche de principios de siglo, aparcado en una playa, casi una miniatura de las mediterráneas enormemente retratadas por Sorolla, sólo que reinterpretada, con el cielo invadido de globos infantiles y una protagonista desnuda, de espaldas, acodada en la ventanilla del coche, casi como La muchacha en la ventana de Dali, sólo que más descarada.

También referencias dalinianas se encuentran en la propuesta del propio Botubol, a la que él llama “zapatitos rojos” y que reproduce una mujer fragmentada, todo piernas y pies, ella, en uno de esos escenarios desérticos tan particulares del autor de Cadaqués.

Guiños al puntillismo, referencias al cómic o los storyboards de cine, arte más abstracto o más figurativo, coexisten en el gran mosaico (por su disposición, más bien friso) de esta muestra donde el erotismo está representado sobre todo en su versión lésbica u onanista femenina. Apenas el retrato de un beso hetero, o la reproducción de un pene, con sus escrotos compañeros, rompen la tendencia de ninfas que huyen y se encuentran, mujeres, recostadas, satisfechas, o coños separados de ellas, autosuficientes, casi meras figuras geométricas.

La inauguración fue un éxito. El público llegó a abarrotar la sala que, para la ocasión, utilizó como reclamo, junto a la puerta, una bombilla roja, prostibularia. También de forma excepcional, se proyectaba una sucesión de fotografías de Roy Stuart, acorde con la temática. “A partir de mañana no se verá porque Ismael y yo necesitamos recuperar nuestro espacio de taller, de trabajo” –explicó Botubol.

Lo que sí permanecerán serán los cuadros, y la lista de contacto con los autores para quienes estén interesados en comprarlos. Así como, probablemente, ese Interviú atrasado, dejado como por descuido en la mesa central de la sala, y las tarjetas, de Travesuras de la niña mala, divertida tienda de lencería, cuya visita se recomienda, casi como complemento de ésta.

He escrito esta reseña para la revista on-line Tertulia andaluza, donde ya podéis leerla acompañada de fotos de la exposición (como curiosidad os diré que en la última aparezco entrevistando a Alejandro Botebol). Os animo a entrar a echarles un vistazo y a no perderos la muestra.

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Asco tras el After


After, la última del director sevillano Alberto Rodríguez, autor entre otras de Siete vírgenes, es una película difícil, algo lenta, que se ve mientras uno se remueve incómodo en la butaca del cine. Pero buena, incluso necesaria. La sensación de asco que produce, de asco y de vacío, es su esencia.

La cinta muestra una noche loca (o más de una, el tiempo se confunde en el magma de alcohol, sexo, drogas, un magma que huele a vómito, sudor y otros efluvios) de tres amigos, muy bien interpretados por Tristán Ulloa, Blanca Romero y Guillermo Toledo.

Éste último, encasillado en papeles cómicos, como sucesor de Antonio Resines o Alfredo Landa en el papel de “españolito corriente”, borda su personaje, el de un tío entre los 30 y los 40, sin escrúpulo en el trabajo, enganchadísimo a las drogas y a unas relaciones sexuales que hasta cuando son completas acaban en pajas, violentas, solitarias.

La violencia y la soledad también están en el personaje de Ulloa, un supuesto triunfador con los atributos clasicos: casa de lujo, mujer guapa, hijo y hasta perro. Sólo que nada es ídílico, ni siquiera lo parece. La casa es una jaula donde por momentos él estalla, reventando botellas, pegando a su chica, zarandeando a su niño por una travesura sin importancia o por añorar al perro que él ha dejado escapar.

El animal acabará involucrado en un episodio duro con la protagonista femenina, otra insatisfecha, que escapa a “paraísos” de drogas y tríos.

Los tres se sienten sin salida. Transmiten esa angustia incluso cuando supuestamente lo pasan bien, se ríen. Saben que corren a estrellarse a una pared y ni aún así se detienen. Corren más y más cada vez, tal vez con la esperanza de, un día, destrozarse.

Y lo peor de todo es que su asco y su vacío nos son familiares. Lo peor es lo que la historia tiene de retrato generacional, aunque sea exagerado. Lo peor es que no es imposible reconocerse en uno de esos “Peterpanes” tan pasados de rosca… Y tan solos.

BookCrossing: Elegía para un americano


Dejando a un lado que el título no me parece el mejor posible, porque remite al American Pastoral de Phillip Roth, y yerra la clave del libro, esta novela de Siri Hustvedt me parece imperfecta pero recomendable.

En ella, la autora, nacida en Minnesota, hija de noruegos, bucea en sus orígenes (o lo finge) a partir una trama en la que dos hermanos, Erik e Inga, psicoterapeuta y escritora, hallan una nota de su fallecido padre y tratan de resolver el misterio que encierra.

Los personajes se mueven en Nueva York que me atrae más con los años, pese a su fauna de artistas, snob, más trastornados tras el 11-S. El centro es un psiquiatra que me recuerda al protagonista de la serie In treatment a la que soy adicta (necesito mi dosis cada noche). Y, sin embargo, algo falla en seducirme.

Puede que sea que el misterio carezca de la entidad que promete, se desinfla, puede que el que protagonista no llegue a parecerme sino Siri Hustvedt travestida, pero creo que la clave está en estas palabras suyas:

Ella me había dicho que sintió la necesidad de sincerarse conmigo al verme atado. Contar una cosa siempre une una cosa con otra. Queremos tener un mundo coherente, no una mezcla de fragmentos aquí y allá.

Pues bien su novela carece de ese orden que de sentido. Me sentiría carca escribiendo esto si no hubiera leído en paralelo otra novela muy caótica en apariencia, Ravelstein, de Saul Bellow, de la que espero subir un post pronto, y bajo cuyas palabras subyace una magistral red, malla, línea eléctrica, muy ramificada pero que no se interrumpe, ni falla, que llega hasta mí y enciende mi cabeza, como una bombilla. Siento ser poco posmoderna en esto pero para mí el arte, es comunicación. Seguramente porque soy periodista (o al revés).

Lo que quiero decir es que parece que Hustvedt no tenga claro lo que cuenta. Siendo así da igual que lo tenga. No lo trasmite.

En cambio, hay notas líricas, ideas certeras y evocadoras que hacen que la lectura valga la pena. Con diferencia lo que más me ha gustado es el final (curiosamente caótico en la superficie pero que encierra una idea clara y, además, novedosa para mí, a pesar de que he pensado mucho en el tema del que trata, el de la relación autor-personajes). Erik, protagonista y narrador, mezcla sus pensamientos con los del resto de personajes que le han rodeado en la novela, familiares, pacientes. Los describe y reproduce frases textuales. Finalmente dice:

Me levanto y miro la nieve caer. Todo sucede al unísono. No puede durar, me digo, esta sensación no puede durar, pero no importa. La estoy viviendo ahora. En el dibujo la niña tiene alas. Está saliendo del coma. Mi hermana está tumbada en la hierba. Bésame, bésame así puedo despertarme. Entonces veo a la señora W. al término de nuestra sesión. Me sonríe y vuelve a usar la palabra reencarnación. “No después de la muerte, sino aquí, mientras estamos vivos”. Me tiende la mano y se la estrecho.
– Le echaré de menos- me dice.
– Yo también.

Para mi es más que una declaración de amor, la constatación por la escritora de su necesidad de los personajes, una afirmación del ser de éstos, de su ser físico, reencarnado, no sucesiva sino simultáneamente, en ella misma.

Suelta de libros en el tranvía

Buzón de BookCrossing en el tranvía de Sevilla
Descubro con sorpresa y entusiasmo que el Ayuntamiento ha incorporado a los vagones del tranvía, llamado en Sevilla metrocentro, unos buzones para el intercambio de libros o BookCrossing, una práctica que los lectores del blog ya sabréis que me encanta.

Animo a los que vivís en la ciudad a deshaceros de los libros que tenéis repetidos o que no queréis conservar depositándolos en esos buzones.

El BookCrossing ortodoxo incluye la escritura en la primera página de las iniciales de quien deja el libro y lugar y fecha en que lo hace, para que quien lo encuentre sepa que está ahí donado y no perdido ni olvidado y se divierta viendo su recorrido (existen otras recomendaciones que podéis consultar en Internet). Pero también puede hacerse sin tanta parafernalia, simplemente dejando el libro. Yo tengo ya en mente el par de títulos que soltaré esta semana.

Felicito al responsable de la idea y espero que la iniciativa se extienda al bus y al metro. En cuanto sepa que es así, informaré de ello.

Conquistada Yo también


El pasado 22 de septiembre escribí un post informando de que la película Yo también, de producción andaluza (Promico), competía en el Festival de San Sebastián. Cuatro días después sus protagonistas, Pablo Pineda y Lola Dueñas, ganaron sendas Conchas de Plata. Ayer fui al pase de prensa y puedo decir que, como al jurado, Yo también me ha conquistado.

El guión sobre el deseo de un hombre con síndrome de Down (Daniel) por una mujer que no lo es (Laura) tenía muchas papeletas para, sino caer al menos rozar, el paternalismo, el victimismo o la sensiblería y sin embargo mantiene una sobriedad y equilibrio totales. Te ríes, lloras, te cuestionas, te emocionas. Y te crees lo que te cuentan todo el tiempo.

Dueñas y Pineda lo bordan. Entiendo el recelo que manifiesta hoy en su crítica Boyero –que por lo demás ha elogiado desde el principio la película y a sus actores– sobre que Pineda más que un gran actor sea un excelente comunicador de su propia experiencia. Es algo que yo misma me planteo. Pero a poco que se piensa se entiende que interpreta. Las tomas – lo sabemos- no son “tomas únicas”, el actor, él, tiene que hacer que sufre, se divierte, desea, se cabrea y hacerlo para el cíclope de un ojo: la cámara.

Además de lo que ya destacaba en mi post de septiembre sobre el valor de desafiar el tabú de las relaciones sexuales de los discapacitados (no sólo con quienes no lo son sino incluso entre sí, como refleja la cinta) Yo también tiene para mi, andaluza y profesional de la comunicación, otros dos valores:

Ser, no sólo en su contenido sino en su factura, un trabajo impecable, muy bien de casting, muy bien interpretada (por protagonistas y secundarios: la familia de Daniel, los Down de la escuela de baile, sus madres, los funcionarios de la Consejería), muy bien rodada (localizada, iluminada, sonorizada), muy bien de banda sonora (muy bien no, fantástica, estoy lampando por comprarme el CD, da un buen rollo impresionante, de hecho os he adjuntado el videoclip pues en el anterior post tenéis el trailler). Da mucha alegría que en una comunidad donde se ruedan tan pocas películas salga ésta tan buena.

Y reflejar una Andalucía, en concreto una Sevilla, muy parecida a la real. Donde se puede bailar flamenquito por la noche (y se hace), donde a veces (más de las que algunos quisiéramos) suenan de fondo bandas de corneta semanasanteras pero donde también se va de afters, donde hay gente alternativa-comprometida-moderna como el hermano del protagonista y su pareja, donde además de monumentos almohades, del siglo XIV, barrocos tenemos arquitectura del siglo XXI, puentes-de-San-Francisco.

En fin, que la película me ha encantado, que presencié aplausos entusiastas de periodistas, algo raro en los pases de prensa, y que vi disfrutar a muchos espectadores Downs y no Downs por una película sobre cosas que importan.

En definitiva que hoy la estrenan y es de las de no perderse. Llevamos una buena racha. Aprovechemos. Y que la racha siga.

Cine de alma en vilo


Adoro entrar a la sala, sumergirme en la oscuridad y que la cinta me atrape desde el primer segundo. Ha ocurrido con El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella.

Soy una espectadora fácil, porque voy predispuesta a meterme en la historia, a identificarme con los personajes. Aún así el milagro ocurre rara vez. Por eso, cuando pasa, es tan excitante.

El secreto de sus ojos (basada en la novela de Eduardo Sacheri, La pregunta de tus ojos) es una película intensa, en la que se trenzan dos historias: la de un proceso judicial por asesinato y la de la atracción de dos personas de distinto carácter y estratos, un oficial de juzgado y su jefa (Ricardo Darín y Soledad Villamil). Pero es también la historia de la convivencia de los “hechos reales” con la “reconstrucción” de los mismos que lucha por hacer Darín empeñado en escribir una novela de lo que ocurrió hace veinticinco años.

Las tres cosas me apasionan:

El caso judicial tiene intriga, suspense, dolor. Es una anécdota en un marco, el de la Argentina de 1974, que precede al golpe de Videla y donde ya se perciben muestras de la degradación social y política. Y es en sí una historia potente, con giros sorprendentes y un final controvertido moralmente (sé que es complejo meter la moral en el arte pero aún así, aquí, me parece pertinente).

La historia de amor me para el pulso. En varios momentos dejo de respirar esperando, deseando que pase algo, que alguno de los dos, ¡él, qué leches, ella ya lo hay dicho todo! ¡Es tan transparente!, haga lo que tiene que hacer, lo que quiere desesperadamente, pero no se atreve.

Y la lucha por plasmar en papel hechos y deseos, lo ocurrido y lo frustrado, la importancia que se otorga a “la palabra” al modo en que cambia el curso de la historia, de las historias, al modo en que interviene, en que la necesitamos, es necesaria (algo que resalta el susurro animalizado de la penúltima escena, la controvertida ya citada) me conmueve. Porque forma parte de mi credo ateo.

¡Qué le vamos a hacer, esta vez, conmigo Campanella da de lleno! Intervienen también mis circunstancias (mi padre era abogado, su mundo eran los tribunales). De ahí también que disfrute tanto esa parte de diálogos en los juzgados, de complicidad entre funcionarios, de frustraciones por los límites del sistema, de compromiso, no obstante, en apoyarlo.

Los actores son maravillosos, todos. El marido de la víctima, su verdugo, el funcionario corrupto, el juez relamido e inepto, los protagonistas, pero especialmente el subordinado y amigo del alma de Darín, el oficial de juzgado Pablo Sandoval, interpretado magistralmente por Guillermo Francella, que encarna un personaje inolvidable.

Y los diálogos, tan rápidos, tan ingeniosos que obviamente son artificiales (ojalá habláramos así a diario y no me refiero sólo a “con acento porteño”) y sin embargo, resultan tan de verdad, tan naturales. Un prodigio de guión. Unas líneas que envidio para mis personajes. La banda sonora, la primera escena, la del estadio de fútbol… La pasión no me ciega, la casualidad tiene un papel demasiado importante en el avance de la acción, hay trampas… Pero siento pasión y eso me empuja a ser magnánima.

¡Id, id a verla antes de que caiga de cartelera! Y cuando lo hayáis hecho comentaremos el final. Me quedo con ganas. Pero no me perdonaría desvelarlo.

El otoño del Huéznar


Libros, películas, músicas. Esos estímulos son necesarios pero no suficientes. A veces, uno siente la irreprimible necesidad de escaparse, dejar atrás la ciudad y adentrarse en la naturaleza. Respirar aire puro, del que marea. Para ello recomiendo un gran destino en una sierra pequeña: la ribera del Huéznar.

Entre los municipios de San Nicolás del Puerto y Cazalla de la Sierra existe una vía verde sobre la que fuera antigua vía férrea que es ideal para recorrer, a pie o en bicicleta, y que discurre en paralelo al cauce del Huéznar, un río de poco caudal, pero con hermosos saltos de agua entre las raíces de árboles que, en esta fecha, tiene hojas de todos los colores de la paleta.

El punto más conocido y visitado es El Martinete, donde se encuentran las cascadas más altas, sin embargo yo propongo seguir bajando luego, camino de Cazalla, y estar atentos a una señalización que parece privada: “El Batán de las monjas”. El cartel se encuentra a la izquierda de la carretera e invita a cruzar el cauce. Hacedlo, hacedlo sin miedo. A menos de un kilómetro, en la otra orilla, encontraréis un camping y un restaurante en un paisaje idílico para dar paseos, oyendo un concierto de cencerros. El bar ofrece una carta sencilla pero rica y un fantástico mirador sobre un mar de encinas y chopos.

De vuelta a la carretera que conduce a Cazalla aún espera un buen sitio para hacer una parada: Isla Margarita, una lengua de tierra entre dos brazos de agua.

A lo largo de todo este camino y sobre todo en los puntos clave hay campings y alojamientos rurales cuyas señas pueden encontrarse en el muy completo portal que existe de la Sierra Norte de Sevilla.

Yo, no obstante, os recomiendo una casita mínima, en realidad un estudio, en la propia Cazalla, en su última calle, lindando con el campo. Un alojamiento de lo más modesto pero muy limpio y decorado con gusto, ideal para una de estas escapadas. Se llama la Casa Andalusí, sólo tiene una cama de matrimonio, pero es anexa a una casa con seis plazas que también se alquila. Mirad las fotos que adjunto y si queréis ver otras o información complementaria, entrad en su web.

¡Que se disfrute!