Archivo mensual: septiembre 2009

Cinnamon chasers saca de la UVI al videoclip

Cinnamon chasers, que no es un grupo sino la identidad musical adoptada por el DJ, multi-instrumentista y productor británico Russ Davies, acaba de sacar de la UVI un género que parecía abocado a morir: el videoclip, gracias a un trabajo alucinante del director Saman Keshavarz: Luv Deluxe.

Casi a la vez que la mega estrella internacional Shakira presenta su videoclip de contorsiones en una jaula que tal vez habría sido novedoso antes de la película Barbarella (1968) (y desde luego, antes de Madonna), Keshavarz, un norteamericano de 23 años, crea para el del disco A million miles from home, un vídeo increíble. Todo un corto de cine, o tres. Que no voy a describir, simplemente os invito a ver. Dadle al play.

El tema de Cinnamon chasers (literalmente “Cazadores de canela”) me gusta. Me gusta mucho. Me atrae ese estilo electrónico, tecnopop, hiptnótico y bailable. Pero lo que me encanta es el resultado de su conjunción con el clip. La creación de un producto nuevo, con sentido en sí. Y la constatación a que me lleva: hay esperanza para el género mientras no se empeñe en hacerse el harakiri en absurdos como el citado en el párrafo anterior.

Disfrutad del vídeo (refrescante como un chicle de menta y a la vez demoledor, desasosegante) y, si como yo no los conocíais, también del descubrimiento de Keshavarz y Russ Davies que yo debo y agradezco a mi amigo Antonio Sánchez.

Ah, nota curiosa, Davies es hijo y sobrino de Dave y Ray Davies, fundadores de The Kinks (“You Really Got Me”, 64), aunque, como comprobaréis, su estilo bebe mucho más de sus influencias declaradas: Pink Floyd, KLF, Vangelis o Giorgio Moroder.

BookCrossing: Una historia de amor y oscuridad


Escribo esta reseña de la autobiografía del escritor israelí Amos Oz aún bajo los efectos de su prosa, de su potencia. Conmovida. Por sus últimas cinco palabras “aún sigue intentándolo a veces” y por lo que significan. Son la clave de esa “historia de amor y oscuridad”, íntima. Que no es una historia de pareja. Ni, desde luego una historia ñoña. Lo aclaro porque en algún momento, alguien nos ha inoculado el virus de la desconfianza hacia las “historias de amor”. No sé cómo lo ha conseguido (¡Cómo le hemos dejado!) pero incluso yo no hubiera abierto este libro por mi mano. ¡Lo que me habría perdido!

Por suerte, mi fascinante vecina Slavisa, con quien he iniciado un intercambio de “tesoros literarios” lo puso en la cima de la montaña seleccionada. Y no sé si sabe el regalo que me ha hecho.

Destaco cinco virtudes de esta biografía de Oz que es también novela:
La primera, ser una “obra literaria conseguida”, es decir, lograr levantar un mundo paralelo al real, hecho no de genes y tejidos oxidables, sino de palabras, como un cuento desplegable, con calles, casas y personajes, en tres dimensiones, y más: sonidos, olores, sabores. Un mundo cuyo devenir me ha absorbido tanto como mis circunstancias personales y profesionales. Te crees el sitio, te crees a la gente y quieres quedarte aunque sepas que además de placer te espera dolor. ¿Os suena?

Además es un “libro llave” que abre la puerta a otros, que da ganas de seguir leyendo. El resto de libros del autor, por supuesto, pero también de aquellos que cita. Especialmente Sherwood Anderson, su padre literario.

Por si fuera poco Oz, nos hace replantearnos nuestra perspectiva en pasajes que son como “ojos mágicos” (esas láminas donde puedes ver un tren, por ejemplo, pero sólo si desenfocas, si miras de otro modo). El párrafo más inesperado para mí, el que menos cuadra con lo que he venido pensado, y por tanto me obliga a darle más vueltas reproduce una conversación con su profesor de filosofía Samuel Hugo Bergman:

“Nada desaparece. Jamás. De hecho la palabra “desaparición” supone que el universo es aparentemente finito y que es posible alejarse de él. Pero naaada (alargó a propósito esa palabra), naaada sale jamás del universo. Ni tampoco entra en él. Ni una sola mota de polvo desaparece ni se añade (…) nada puede pasar de ser a no ser. (…) Y entonces por qué (…) se empeñan en decirme que lo único que está destinado a ir al infierno, a convertirse en no ser, lo único a lo que le espera la aniquilación total en todo el universo, donde ningún átomo puede reducirse a la nada, es precisamente mi pobre alma. ¿Es que cualquier mota de polvo y cualquier gota de agua va a continuar existiendo eternamente, aunque con otra forma, todo excepto mi alma?” Pp. 614

Por otra parte, por mi adicción particular a escribir, me interesan mucho sus consideraciones sobre el hecho literario y el oficio del escritor. Una de las más certeras, para mí, es:

“¿Qué es autobiográfico y que es ficticio en mis relatos? Todo es autobiográfico (…) nada es confesión. El mal lector siempre quiere saber, saber al instante “qué pasó realmente”. Cuál es la historia que está detrás del relato, qué pasa, quién está en contra de quién, quien folló con quien realmente (…)
El mal lector me exige que le desmenuce el libro que he escrito; pretende que con mis propias manos tire mis uvas a la basura y le dé solo las pepitas. (…)
Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca: conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector”. Pp. 49-52

Hay otra cita impagable sobre ser escritor en la página 715 que no reproduzco por no alargarme (más aún).

Y finalmente, pero no menos importante, con su relato de infancia en aquel Estado de Israel que aún no era tal, sino un asentamiento controlado por los británicos, al que se envió a los judíos europeos tras el exterminio nazi, Oz pone a lectores como yo, con tendencia a identificarnos con la causa palestina, ante la realidad poliédrica del conflicto. Un enfrentamiento que los europeos no podemos despachar tan fácilmente como solemos hacer (como yo suelo, al menos) siquiera sea por sentido de la responsabilidad porque lo causamos (no hablo de culpa, sino de necesidad de informarse y ser ponderado, que no equidistante… ya lo sé, complicado).

No digo que mi empatía con Oz sea tal como para pensar que Israel tiene razón en su postura (cosa que ni siquiera él afirma), sino que me electriza la piel y me coloca ante un dilema racional importante leer que cuando su padre fue expulsado de Polonia las paredes estaban llenas de pintadas “¡Judíos fuera, a Palestina!” y cuando volvió a Europa, de viaje, se encontró con pintadas “¡Judíos fuera de Palestina!”.

En suma, Una historia de amor y oscuridad se ha convertido para mí un libro imprescindible. Y leerlo es un placer que no tendría sentido no darse.

Cito por la edición de Ediciones Siruela/Debolsillo, Serie Contemporánea, Barcelona, julio de 2007.

Una película andaluza rompe tabués en el Festival de cine de San Sebastián

Una película andaluza compite por la Concha de Oro en San Sebastián. Y no es una película cualquiera. “Yo, también” desafía uno de los grandes tabués de nuestra sociedad, el del amor entre un discapacitado y quien no lo es.

En este caso se narra la historia de Daniel, un treintañero sevillano, que al empezar a trabajar en la Administración se enamora de su compañera Laura, algo que no tendría nada de particular si no fuera porque él tiene síndrome de Down. Igual que Pablo Pineda, el actor que le da vida y que comparte con el personaje el ser el primer europeo con síndrome de Down titulado universitario.

Pineda, un referente hace años para otros síndromes de Down, sorprende en su primera interpretación profesional, en la que cuenta como compañera con la excepcional Lola Dueñas, muy reconocida desde su trabajo en Mar adentro (Amenábar) y Volver (Almodóvar).

Juntos (y con el resto del reparto, con gran presencia de actores Down) componen una obra creíble, emocionante y turbadora que desafía los límites mentales que la sociedad establece y que no sólo marcan como inaceptable las relaciones con discapacitados, sino el amor, el sexo, entre ellos o de cualquier individuo que no se adapte al milímetro al patrón estético que es designado “normal”. Pienso, por ejemplo, en los ancianos.

Por la valentía y el acierto de esta propuesta doy la enhorabuena tanto a ellos como a todo el equipo que la ha hecho posible, especialmente a sus directores Álvaro Pastor y Antonio Naharro y a sus productores, el cineasta Julio Medem (Alicia Produce)y Manuel Gómez Cardeña (de la empresa andaluza Promico Imagen) así como a su productor ejecutivo Emilio González (también de Promico).

Ojalá tengan mucha suerte en el festival que concluye el día 26 y en el que, además, la película opta al premio Kutxa-Nuevos Directores.

Y, sobre todo, ojalá tengan mucha suerte en las salas.

Primera lección: la mentira

Foto del periódico Público

Es mitad de septiembre, y un grupo de escolares espera a la puerta de un colegio concertado, religioso. Entonces una madre chilla: ¡Juro que aunque me llevo bien con mi marido, estamos separados!

No lo anuncia, de esa manera histriónica, para dar ejemplo de buena convivencia sino porque estar separados da puntos. Por eso hace años que muchos padres fingen separarse (hacen los papeles y se separan legalmente, vamos) para que sus hijos sean admitidos en los colegios concertados.

Padres católicos, me refiero. Que deben ser los que ansían que sus hijos vayan a colegios de ideario cristiano. Aunque tal vez algunos, en el fondo, sólo los prefieren porque son más exclusivos que los públicos, y de una forma inexplicable tienen una ratio menor de inmigrantes y gente de renta baja aunque, curiosamente, deben tener una ratio disparada de hijos de separados.

¿Cómo resuelven esos colegios tal paradoja? ¿Cómo son fieles a su ideario que condena las separaciones como pecado ante tantos niños de separados? ¿O, según un pacto tácito, todo el mundo entiende que la mayoría de los supuestos separados no lo son realmente? Es decir, mienten. Y la mentira, ¿está permitida? ¿No la condena ya el octavo mandamiento? ¿Jurar en vano no atenta contra el segundo?

Confieso que hace tanto que no piso una Iglesia que puede que los mandamientos hayan cambiado. Pero en el mundo laico, sigue siendo tan inmoral como siempre. Por eso rechazo que los niños aprendan, entre las primeras lecciones de la vida, que una de las vías legítimas hacia sus fines, es la mentira.

Colaborar con las dálits indias


Entre la avalancha de propaganda y cartas de bancos que atestaban mi buzón a la vuelta del verano destacaba un sobre remitido por la Fundación Vicente Ferrer del que quiero hablaros. Su contenido es una guía de su programa De mujer a mujer para la formación, asociación y el empleo de mujeres dálit, intocables.

Ser mujer es, en India (como en casi todo el planeta, por desgracia), nacer con un hándicap. En este caso el de ser una carga para la familia que tiene que ahorrar la dote del matrimonio. Carecer de la dote pone a la mujer a merced de la violencia de su esposo. Tenerla, normalmente, cuesta trabajar desde niña, no alfabetizarse (pese a que la educación básica es en India obligatoria).

La Fundación Vicente Ferrer ayuda a las dálits del área de Anantapur por dos caminos:
– Escolarizándolas: las alfabetizadas han pasado del 2% en 1977-78 al 97%.
– Promoviendo la asociación de mujeres para gestionar talleres formativos, asistencia médica y proyectos empresariales, por ejemplo de artesanía que comercializa la propia ONG .

La fundación (creada por el ex jesuita fallecido el pasado junio, que dedicó cuarenta años al desarrollo de la pobre región de Anantapur, y cuya obra siguen sus colaboradores) ofrece información del proyecto de mujeres y otros muchos en su web http://www.fundacionvicenteferrer.org/

Son iniciativas que persiguen objetivos concretos, benefician a gente de un lugar preciso y con las que se puede colaborar desde un importe mínimo mensual libre para las “inscripciones como socio colaborador”, a los 9 €/mes del “programa de mujeres”, los 18 €/mes del “apadrinamiento infantil” o las “donaciones” de particulares, instituciones o empresas

Ánimo al fotógrafo Emilio Morenatti

Terminadas las vacaciones reactivo mi blog y siento hacerlo con una mala noticia pero no puedo dejar de pensar en el fotógrafo Emilio Morenatti que cubría las últimas elecciones afganas cuando una bomba estalló arrancándole su pie izquierdo. Pienso en él y le envío el abrazo más cálido que puedo concebir tan lejos de donde se recupera, en EEUU, al otro lado del Atlántico que a él lo vio crecer y a mí me ha hecho disfrutar este verano, el gaditano.

Aunque es seguro que él no lo recuerda, conocí a Emilio en 1998 cuando entré en la redacción de la Agencia EFE en Sevilla. Yo era una becaria y él ya un profesional de prestigio al que dedicaban columnas compañeros periodistas.

Empezó su carrera en Jerez donde se crió (me acabo de enterar de que nació en Zaragoza), como su hermano, pero su primer gran éxito llegó en 1992 cuando lo fichó la agencia para cubrir la Expo. Desde entonces trabajó en EFE con los también magníficos Eduardo Abad y Julio Muñoz. Me encantaban las fotos de los tres que colgaban en las paredes de la agencia. Y las nuevas que hacían.

Pasado un año me fui a un diario local y le perdí algo la pista. No obstante me llegaron las noticias de que había cogido la malaria en Malawi y más tarde (2001) de que pidió la excedencia para trabajar en Afganistán con la agencia Associated Press (AP). Una mañana de 2006 al poner la radio, oí que habían secuestrado, en Gaza, a un fotógrafo español y supe que era él. Por suerte, pasadas unas horas, Emilio fue liberado sin heridas.

Desgraciadamente, esta vez no ha salido indemne y tras dos operaciones en Dubai, ahora Emilio se recupera en los Estados Unidos donde, como bien decía su hermana en una carta a EL PAIS, tendrá que adaptarse a una nueva etapa, una difícil, pero que un hombre, un trabajador y un artista con valor y talento como él sabrá afrontar de la mejor manera.

El tiempo no puede pararse, ni dar marcha atrás. No se puede volver al instante previo a que estallara la bomba, sino mirar adelante, todo lo que queda por hacer, por captar y denunciar. Y el mejor acicate para que Emilio lo haga no serán, seguro, los prestigiosos premios internacionales que, como los que ya ha ganado, le quedan por ganar, sino que todos superemos la indolencia, reaccionemos ante las injusticias que él muestra y consigamos que ninguna otra violencia mutile a nadie más, sea o no conocido, sea o no occidental.

Un beso enorme, Emilio. Gracias por tus fotos y perdona la licencia de reproducir alguna. No se me ocurría mejor manera de presentarte a quien aún no te conoce. Aquí estamos para lo que quieras.