Videoarte, mejor on-line que en sala


Esta semana acaba la muestra Survideovisiones que se exhibe en el Espacio Iniciarte de Sevilla y que ofrece una interesantísima selección de obras y autores de vanguardia. Pero, seguramente sea mejor disfrutar de ellos on-line que desplazándose a la sala. Yo fui ayer y sentí que es necesario replantearse la fórmula y el espacio para disfrutar del nuevo arte.

Las cuatro inmensas pantallas que ocupan las naves de la antigua iglesia de Santa Lucía, donde en un carrusel sin fin, se proyectaban los videos, para un público integrado por el vigilante de seguridad y los operarios que remodelan la sala, me transmitieron una profunda sensación de soledad, de autismo. Acrecentada por el angustioso intento del sonido de llegar a alguna oreja, escapando débil por una decena de auriculares que no escuchaba nadie.

¿Quién que entre en un lugar así tendrá el tiempo, la disposición de ánimo, de sentarse a disfrutar de los visionados? Yo no fui capaz, lo reconozco.

Se me vino a la cabeza la imagen de una sala en la que en vez de videos hubiera libros colgados, aunque sólo fueran cinco, y maravillosos, pero cuyas páginas pasaran al ritmo de un temporizador. Pese a lo que me gusta leer, no podría seguirlos. Tal vez algún pasaje pero aún eso con prisa, sin placer, ni sentido.

De vuelta a mi ordenador, en cambio, me di un atracón de arte (los videoartistas también suelen pintar o hacer fotografías), durante una hora y media fabulosa. Me bastó con teclear los nombres de los autores (Anna Jonson, Beatriz Sánchez, Verónica Ruth Frias, Amalia Ortega, Cristina Lucas, José Luís Tirado, Valeriano López, Isaías Griñolo, Paco Almengló, Carlos Aires, Javier Roz, Carmen F. Sigler, Javier Velasco, Mar García Renedo) en un buscador para encontrar cientos de imágenes y videos evocadores, innovadores, certeros. Los trabajos más interesantes, en mi opinión, los de Valeriano López, mostrados en un video de Metrópolis (TVE 2) que le dedicó un programa completo. Seguidos de los de Beatriz Sánchez.

Esta experiencia me hace pensar que tal vez para el videoarte sea más interesante crear salas de exposiciones on-line. Tienen la ventaja de estar abiertas las 24 horas, con puertas a todas las calles del planeta (o casi) y por un coste que no es ni comparable. También se podrían distribuir DVDs catálogos, con los archivos descargables.

Aunque claro aquí nos topamos con el tema “precio del arte”. ¿Qué beneficio saca un video artista si en vez de hacer tres copias de su obra, la ofrece de forma gratuita? No tengo respuestas. Es uno de los grandes dilemas del momento como he constatado en jornadas a las que he ido recientemente, como la de Arte y Mercado y la de Contenidos Audiovisuales.

Fue en ésta donde el consultor de nuevos medios Gonzalo Martín dijo algo curioso: que los creadores se parecen a los viejos titiriteros itinerantes. Que pueden crear espectáculos geniales pero, ¿quién llegará a saberlo si no consigue que los vecinos de cada nuevo pueblo se sienten frente a su carromato para verlo?

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