Despertador telepático

El radio despertador me arrancó del sueño esta madrugada con gritos de iraníes apaleados.

Habría sido otra cosa de haber sonado a la hora que lo programé, las siete menos cuarto. Seguramente el anuncio de una entrevista con Montilla con la que hoy han atiborrado las ondas a cuenta de no sé qué nuevo lío de la financiación autonómica.

Pero a las siete menos cuarto, nada. Callado. Es un despertador raro. Ya me lo dijo el gurú interiorista que me lo vendió (en NY, en marzo). “Si quieres puedes programarlo, pero no lo necesita. Te despertará cuando quieras escucharlo”. Sí, claro. Pensé que era coña. Que sería su extraña forma yanki de intentar ligarme. Pero llevo dos meses usándolo y no sé ni encenderlo ni apagarlo. Va a su bola. Yo, como una imbécil, me empeño cada noche en programarlo (domesticarlo). Para nada.

Podría tirarlo. Comprarme uno corriente, en el bazar de abajo. Pero me intriga demasiado.

No recuerdo nada entre los gritos de los opositores a Ahmadineyad y los cánticos-protesta de béticos que han vuelto a despertarme cuando ya clareaba.

Así que esto era lo que yo necesitaba oír esta mañana. Vaya.

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